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La epopeya de Gilgamesh: Un análisis comparativo del mito y del tema del doble en la narrativa

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Gabriel Guillermo Gómez López
Departamento de Estudios Literarios
Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades
Universidad de Guadalajara

 

El tema de la Epopeya de Gilgamesh es la búsqueda de la inmortalidad, el hombre frente a la muerte. Representa el primer ejemplo del doble en la literatura y aquí están contenidos muchos de los elementos que aparecerán a lo largo del desarrollo del mismo en la historia de las letras: su presencia en una situación límite, el duelo de los gemelos rivales, sus hazañas, la identidad, el narcisismo, el vampirismo, la suplantación y la imagen, así como las relaciones con los estados oníricos, con el amor, la muerte y la creatividad.
Según el texto conocido como la Lista real la monarquía sumeria descendió de los cielos tras el diluvio. Gilgamesh fue el quinto soberano y entre sus antecesores encontramos a Lugalbanda, un rey pastor a quien Gilgamesh llamaba “su padre”, aunque en realidad era su abuelo; Dumuzi, el antecesor directo, era un dios pescador y fue el primero de los amantes de la diosa Ishtar.
 Para B. Hrozny Gilgamesh significa “el hombre del fuego y del hacha” , por lo que puede considerarse el maestro en el arte de los metales y de la madera, tal como fueron los descendientes de Caín.
Para otros significa “el viejo aún joven” , relacionado con la planta que proporciona la eterna juventud, bautizada como “el hombre se hace joven en la vejez.”(244)
Pero al parecer Gilgamesh no era un descendiente de la estirpe real, sino hijo de un lil-lu, un sacerdote cuyo nombre, según Agustí Bartra, significa “imbécil, medio loco” , y si llegó a ser rey fue por sus hazañas y no por su herencia. Aquí evoco un curioso testimonio de Claudio Eliano acerca de Gilgamesh a quien llama Gilgamo. Eliano narra un mito muy semejante al de Acrisio y Dánae.
En el preámbulo se muestra a un héroe exhausto tras haber descubierto el secreto que estaba velado a los hombres; había llegado hasta el abismo primigenio y todo lo había visto, todo lo había vivido para enseñarlo y propagar su experiencia admonitoria. El mito como memoria.
Gilgamesh tiranizaba a Uruk y las quejas del pueblo llegaron hasta los dioses y por ello la diosa Aruru creó a Enkidu, doble y contrapeso del rey.
Uno es sombra del otro, uno es lo que el otro no es. Gilgamesh tiene dos terceras partes de divino por su madre, la diosa Ninsun, y una de humano; es producto de una hierogamia, una unión sagrada entre un sacerdote y la hieródula representante de la diosa. Era un gigante que ejercía su autoridad con prepotencia.
La diosa Aruru modeló a Enkidu con arcilla, a imagen y semejanza de Anu, el padre de los dioses; hirsuto, salvaje, nómada y vivía feliz en la estepa entre las gacelas, se alimentaba de hierba y abrevaba en las aguadas. Comparte con Adán muchas similitudes. La gente decía: “¡Cómo se parece a Gilgamesh! Aunque de talla más baja tiene los huesos más recios.”(135) Cuando un cazador lo vio quedó mudo de miedo, su rostro era como “el de un viajero llegado de muy lejos.”.(116) Y nada tan lejano como la muerte.
Enkidu destrozaba redes y trampas y los cazadores suplicaron ayuda a Gilgamesh, quien se propone culturizar al salvaje a través de una hieródula, con lo cual perderá fuerzas. Cuando la ramera se presenta ante Enkidu recuerda a la escena en la que Menelao, en el saco de Troya, perdona a Helena ante la impresionante belleza de sus senos o a Eva ofreciendo sus manzanas a Adán.
Son episodios en espejo: si el pueblo clamó ayuda a los dioses y ahora los cazadores piden auxilio al rey.
En efecto, después de haber cohabitado con la ramera Enkidu perdió fuerzas; su vigor, a la manera de Sansón, se vio disminuido; las bestias sintiéndolo distinto se apartaban de él; pero ahora “su espíritu era sabio, comprendía”(120), tal como Adán luego de comer del Árbol del Bien y del Mal. El precio del conocimiento a costa de la libertad.
Shámhat, la hieródula, condujo a Enkidu, ya civilizado, ante Gilgamesh; tras ponerle uno de sus vestidos lo guió hacia Uruk. Enkidu, como Hércules, fue revestido con atributos femeninos; se refinaron sus costumbres, aprendió a alimentarse con pan, a beber vino y se le llenó el cuerpo de bienestar, le cortaron la maraña velluda, se frotó con óleo y se puso vestidos “¡parecía un novio!”(132)
El episodio de Hércules y Onfalia es descrito de manera deliciosa por Ovidio en sus Fastos, Para purificarse de la muerte de Ifito el oráculo de Delfos le indicó que debía purificar su crimen sirviendo como esclavo y como tal es comprado por la reina de Lidia, Onfalia, durante un paseo llegan a una gruta y ella lo atavió con sus propios vestidos, ¡ceñidor incluido!. “sus descomunales pies reventaban el calzado demasiado pequeño”.
Gilgamesh ve primero a su doble a través de los sueños. En ellos abraza, como a una amada esposa, a un cielo tachonado de estrellas o a un hacha de doble filo. Son interpretados como sueños favorables: “Es un rudo camarada que vendrá en ayuda de su amigo.” (123) Una atmósfera onírica rodea al doble.
Y en tanto Gilgamesh contaba sus sueños a su madre, Shámhat, la hieródula, contaba a Enkidu los de Gilgamesh. Uno soñaba, el otro vivía.
El duelo de los gemelos rivales es uno de los motivos clásicos en la literatura del doble; en este caso tras un reñido duelo sellan una amistad que sólo separará la muerte.
Theodore H. Gaster comenta que el encuentro entre un héroe urbano y el vagabundo rústico y peludo es asunto de varios cuentos, como en los casos de  Esaú y Jacob en la Biblia o de Preto y Acrisio en el mito griego.
Enkidu (recordemos que está ¡vestido como un novio!) detiene al rey en el umbral de una casa donde iba a ejercer sus derechos de pernada. Es un antecedente del “William Wilson” de Poe: Enkidu trataba de evitar que Gilgamesh cometiera una mala acción.
Pero Gaster señala que el encuentro se produce durante la Fiesta de Año Nuevo. Gilgamesh, como rey de Uruk, está por celebrar el tradicional rito del casamiento sagrado y Enkidu le cierra el paso con rudeza. Para el autor el papel desempeñado por Enkidu es el del “Impostor” o el “Entrometido” de la literatura folklórica y del teatro popular como se practicaba en Tracia y Grecia Septentrional. En la Tesalia se lo concibe como un salvaje y velludo cubierto con una máscara negra de piel de oveja o de cabra.
Complemento uno del otro, ahora los gemelos unidos se lanzan en pos de aventuras y dan muerte a Humbaba, guardián del Bosque de los Cedros.
Aunque esta expedición pudiera tener el sustrato histórico de una búsqueda de maderas preciosas en el Líbano, sigue el patrón de muchos cuentos del folklore como el del ogro que vive en la cima de una montaña y también recuerda a la Gorgona que petrifica cuanto mira ya que sólo es derrotado cuando los vientos ciegan su ojo.
Gilgamesh, tras purificarse por la muerte del monstruo, se atavió con vestidos limpios, cubrió su cabeza con la tiara real y entonces la diosa Ishtar puso sus ojos en él: “¡Ven, Gilgamesh, --dijo—sé tú mi amante, concédeme el don de tu amor!”(175), y llenaba sus palabras con melosas promesas.
Gilgamesh le responde:

¿Qué ganaría yo casándome contigo? 
No eres más que un brasero que se apaga con el frío,
una puerta trasera que no resiste la tormenta,
un palacio que los héroes han saqueado,
una trampa mal disimulada
[...]
¿A qué amante has sido fiel? (176)

 

Gilgamesh enumera a los amantes de la diosa, a quienes su amor trajo la desventura, la castración o la impotencia, encabezados por Dumuzi, quien víctima de falsas promesas ocupó el lugar de Ishtar en los infiernos.
Las relaciones entre diosas y humanos siempre resultaron escabrosas y terminaron mal, por ello Odiseo rechazó las propuestas de Calipso. En cambio Anquises, a pesar de sospechar que quien se le ofrecía era la misma diosa Afrodita, fue incapaz de negarse: “De buen grado, mujer semejante a las diosas, luego de haber subido a tu lecho, penetraría en la morada de Hades”. También en el mito del doble Eros implica thánatos.
            Pero Gilgamesh, en un acto de astucia...o de cobardía, renuncia a ella; en una u otra forma es incapaz de amarla. Si Enkidu ha perdido vigor tras el contacto con la hieródula, con él no sucederá lo mismo, se niega a la entrega total por temor a perder su poder, aquí está el germen del miedo a morir. En los sucesivos ensayos acerca del doble intentaré demostrar que ésta es una de las condicionantes de la autoscopía, el fenómeno de verse a sí mismo.
Despechada, la diosa clama al padre de los dioses y se crea el Toro Celeste para acabar con los héroes, pero también es derrotado. El Toro como símbolo de potencia viril es ampliamente reconocido en la mitología del Mediterráneo, como Teseo o Hércules. Dice Robert Graves que el combate con un toro, o un hombre disfrazado de toro es uno de los trabajos rituales impuestos al candidato a la dignidad del rey. La sangre y los testículos del toro jugaban un papel importante en las ceremonias de  Atis. Eran un poderoso hechizo para promover la fertilidad y activar el nuevo nacimiento.
El episodio también evoca a los mitos de Fedra e Hipólito, de Siwash y Sudabeh, de José y la mujer de Putifar; en ellos el rechazo a la mujer implica un severo castigo.
Enkidu se mofa de la diosa y ello le acarrea la muerte. El error de Enkidu es cometer el pecado que los griegos conocen como hybris, el de la desmesura, el de la ruptura del orden, los hombres no son semejantes a los dioses; tras arrancar el corazón del toro, en son de burla arroja a la diosa el muslo derecho, ¿habrá que leer muslo tal como en la literatura medieval cuándo la herida en el muslo de los héroes tiene clara connotación sexual? Si anteriormente se pavoneaban de sus hazañas con los hombres, ahora afrentan a una diosa y deberán pagar cara su osadía.
La división entre Arte y Vida es uno de los motivos de la aparición del doble y aquí encuentro una clara división entre Vida: por la que clama la diosa, “a esto Ishtar congregó a las consagradas, las mozas de placer y las rameras del templo, sobre el muslo derecho del Toro Celeste todas gimieron.”(181) Y Arte: cuando Gilgamesh convoca a los artesanos para que admiren el tamaño de los dos cuernos de lapislázuli del Toro derrotado.
Luego de la celebración de la victoria Enkidu tuvo una pesadilla: los dioses celebraban consejo y en el juicio sumario fue condenado a muerte; el doble es quien debe morir en lugar del héroe, lo suplanta, es su razón de ser, acepta su suerte, sabe que es el elegido, el chivo expiatorio que pagará las culpas de su compañero. El doble es heraldo y señuelo de la muerte.
En sus pesadillas Enkidu se vio con los brazos cubiertos de plumas (evoca a las Mil y Una Noches; Gardner señala la notable semejanza con Kessi, un relato hitita ),  y Zu, un personaje sombrío, lo condujo a la Casa de las Tinieblas, la Casa del Polvo. Por su parte Gilgamesh también sueña con Zu quien volaba como una nube, su boca era de fuego, su aliento, la muerte, era un ser de horrible apariencia; de manera sorprendente Gilgamesh se reconoce en él: “soy yo mismo.”
Enkidu lamenta morir en su lecho y no en combate; como síntoma premonitorio tiene la sensación de haber sido apoderado por una presencia extraña (lo que nos remite a una de las variantes del tema del doble: la posesión o vampirismo ).
En su agonía reprocha a su amigo, tal como Cristo en la cruz lo hará con su Padre: “¿por qué ahora mi amigo me abandona? [...] tú y yo, juntos, triunfamos...¿por qué me abandonas?” Cuando muere Enkidu el rey lo vela durante seis días y siete noches, hasta que los gusanos aparecen triunfantes por las fosas nasales del cadáver. En algunas ceremonias tántricas de iniciación es necesario dormir al lado de un muerto.
El llanto de plañidera de Gilgamesh recuerda al de Aquiles por Patroclo, al de Alejandro por Hefestión.

Entonces cubrió a su amigo como si se tratara de una novia
Y su voz resonó como un rugido pavoroso,
Arrebatado cerca de él como un león.
Como una leona privada de sus cachorros
Va y viene ante el lecho mortuorio
Arrancándole el pelo y esparciéndolo,
Rasgando y diseminando sus vestidos y adornos
¡Cómo si estuviera impuro! (199)

 

El lamento también recuerda a la leyenda nórdica de la muerte de Balder, en la cual se pide a todas las cosas creadas que lloren para que sea perdonado;  es una larga enumeración que incluye a todos los animales y criaturas salvajes de la estepa.
En ese estado de indefensión y angustia, le nace el Arte: Gilgamesh  pide al forjador, al batidor de cobre, al aurífice y al lapidario forjar una estatua de su amigo, en oro y lapislázuli, es decir mantener el espíritu de su amigo en una imagen, a la manera de Pigmalión, otra de las variantes del doble.
Luego, angustiado, parte en pos de la inmortalidad. “¡Cuando matan a un hombre la esposa sale huyendo de la casa!” (204). Gilgamesh soltó su cabellera, como Hércules vistió piel de león, y errando por la estepa mataba a los animales salvajes que encontraba, a los leones los dominaba con sus manos; se lanzó a recorrer el mundo hasta dónde ningún ser vivo había llegado anteriormente, tal como siglos más tarde lo intentaría Alejandro. Se había convertido en un salvaje, una réplica de Enkidu, ahora él era el otro. Alcanzó las montañas que presiden la salida y caída del sol, las cumbres gemelas que son el soporte de la bóveda celeste y cuya base reposa en los Infiernos, resguardadas por los hombres-escorpión cuyo resplandor es terrible y su vista es mortal.
Gilgamesh debía cruzar por doce dobles leguas de densa oscuridad, la ruta que sigue el sol en el inframundo, tal como hizo Hércules, hasta desembocar en un bosque de árboles con piedras preciosas como frutos (que nos indican que se trata del Más Allá). Viajar por el camino del sol para nacer de nuevo sugiere un proceso de iniciación.
Al final, ante el Río del Infierno, se encuentra Siduri, una tabernera quien observa que la cara de Gilgamesh es como la de un caminante que ha llegado de tierras lejanas y como el cazador que reconoció a Enkidu; en efecto él es el otro. Hay confusión de identidades, ¿quién es quién?
Para Kott, Siduri, la tabernera, es otra representación de esa diosa de las mil caras que es Ishtar. La diosa es la patrona de las taberneras y tocada con un velo entre jarras y platos de oro, se encuentra ante un ser semisalvaje, de cabellos desgreñados, vestido de pieles, andrajoso, destruido por el viaje, bien pudiera tratarse de Enkidu, ¡pero es Gilgamesh en busca de la inmortalidad!, suplicando a la misma diosa que antes ofendió. Se acoge a ella y ésta le expresa:

Gilgamesh, ¿por qué vagas de un lado a otro?
                        No encontrarás la vida que persigues.
                        Cuando los dioses crearon la humanidad,
                        La muerte para la humanidad decretaron;
                        Reservando la vida para sí mismos.
¡Tú, Gilgamesh, llénate el vientre;
            goza de día y de noche ;
            [...]
            Cuando el niño te tome de la mano, atiéndelo y regocíjate
            Y deléitate con tu mujer, abrazándola.
            ¡Esa es la tarea de la humanidad!. (216)

 

Siduri le da instrucciones (tal como Circe a Odiseo) para cruzar las Aguas de la Muerte. También Ursanabi el barquero, ancestro de Caronte, se da cuenta de que el rostro de Gilgamesh “semeja a un viajero que viene de lejos.” (222)
Los personajes femeninos Ishtar, Shámhat y Siduri,  pueden ser uno y el mismo, la diosa es dueña de las rameras y patrona de las taberneras; es la diosa de las mil caras, su aspecto puede ser terrible o adorable, amante, esposa, madre. Es la reina de las diosas, la que enseña el camino, la que purifica, pero también “la mancha de betún que todo contamina”.(176)
Finalmente cruza las aguas del Océano de la Muerte hasta llegar con Utnapishtim, conocido como “el Lejano”, el sobreviviente del diluvio sumerio, éste divisa una embarcación a la deriva y quien llegaba en ella no era un ser humano (entonces qué era ¿un espectro?, ¿un muerto en vida?, ¿un doble?). Para Gilgamesh no existía la alegría; la sombra de la muerte, el temor a compartir la suerte de su gemelo, era un fardo que le impedía gozar la vida.
De pronto, al mirar a Utnapíshtim “el Lejano” el héroe se lleva una sorpresa: ha encontrado a otro doble a la orilla de la muerte: “Cuando te miro, Utnapíshtim, tus rasgos no son extraños; incluso eres como yo. Tú no eres extraño: ¡eres como yo!” (233) y es como si hubiera cruzado los océanos para encontrarse ante un espejo.
Utnapíshtim le narra la historia del diluvio, un mito de renovación, y luego somete a Gilgamesh a una prueba decisiva: permanecer en vigilia durante seis días y siete noches (los mismos que la duración del diluvio sumerio, del placer de Enkidu y de la descomposición de su cuerpo). Lamentablemente el héroe se duerme de inmediato, fracasando (como los apóstoles con Jesús). Era como si un demonio hubiera tomado posesión de él, “A dónde iré ahora que el despojador se apodera de mi cuerpo” (de nuevo la posesión o vampirismo). “Vaya a donde vaya allá está la muerte.” (242)
En compensación, Utnapíshtim le otorga el secreto de la eterna juventud en una planta que debe arrancar del fondo del mar; así lo hace; pero en un breve descuido una serpiente se apodera de la planta y se pierde en las profundidades.
Esto me recuerda a moly, la planta con la que Circe convirtió a los griegos en cerdos, una planta de raíz negra y flores blancas como la leche que tiene una apariencia desconocida para los mortales y es difícil de arrancar.
Utnapihstim había pedido a Gilgamesh limpiarse, librarse de la suciedad “con agua limpia como la nieve” (242), lavar y dejar puros sus cabellos, arrojar al mar las pieles, vestirse con un ropaje conforme a su dignidad, antes de partir en busca de la planta, porque tiene cubierto de pelo el cuerpo como Enkidu, y revestido con las pieles había tornado a la animalidad. Por ello le entregan “un manto para cubrir su desnudez, [...] para que pudiese cumplir su viaje” (243)
 En esta ceremonia de limpieza leo un rito de iniciación donde al rey lo preparan tal como a su doble tiempo atrás y ¿a qué palacio se dirigirá sino al suyo, al de Uruk? Le aguardan la ciudad y sus rituales, su destino, nadie lo suplantará. Confundido con su doble, vida con muerte. La historia se repite.
Gilgamesh regresa con las manos vacías; erige un templo y las murallas de Uruk e inscribe su historia en la piedra, la narración termina donde comenzó.
Con el registro de las hazañas el mito queda fijado para la posteridad. Señala un cambio, una frontera entre la oralidad y la escritura, como esas murallas que separan el mundo bárbaro del civilizado.
Dice Kott: “En una verdadera epopeya, el principio es el fin y el fin es la repetición del principio” . ¿Es Enkidu o es Gilgamesh quien va en pos de la inmortalidad?, Gilgamesh ¿es Utnapíshtim o es el Ángel de la Muerte?
Al final hay un apéndice con Enkidu en el averno. En mi opinión encierra una moraleja: Enkidu queda atrapado en el averno al descender en pos de las insignias reales que ha dejado caer Gilgamesh, él es el sacrificado, el que muere por el otro. Desde el infierno su espíritu comenta al rey que sólo quienes tienen a su lado alguien que los vele podrán reposar en paz. Mientras sea recordada su epopeya Gilgamesh seguirá vivo, la escritura como fuente de renovación.
Conclusiones
1) En cuanto al Matrimonio Sagrado en la festividad del Año Nuevo dice Samuel Noah Kramer: “Algunos de los sacerdotes y teólogos más imaginativos y clarividentes de Uruk concibieron la alentadora idea de convertir a su rey en el amante y esposo de la diosa para que, de este modo, compartiera con ella su inapreciable poder fertilizador y su divina inmortalidad.”

El soberano debía desposar a Ishtar en el papel de Dumuzi reencarnado para asegurar la prosperidad en el año siguiente, la diosa elevaba al rey hasta su condición divina y era representada por una hieródula escogida del templo de Ishtar.
2) Para encontrar la razón por la que Gilgamesh llamaba padre a su abuelo me remonto a Grecia para hablar de los tritopátores, los padres en tercera generación. La persona de un muerto es la que hace ligar las generaciones en círculo, en los sistemas indoeuropeos el relevo clave no es el padre sino “El padre del padre”. Es decir se brinca una generación, como señala Benveniste citado por María Daraki . El “salto” de una generación borra la importancia del padre, se produce una reencarnación y el vacío lo representa la muerte. Lugalbanda, el abuelo, engendra  a Gilgamesh desde el más allá. Dumuzi, el padre, equivale a Osiris, es decir se encuentra en el reino de los muertos pero vive a través del rey, es su reencarnación .
3) Cabe la suposición de que Enkidu, adiestrado por una hieródula del templo de Ishtar, fuera el sustituto del rey, el tanista encargado de morir en su lugar. Sospecho que al término del tiempo de su reinado Gilgamesh decidió que otro muriera por él, esto quedó grabado en el mito al ser la primera vez que alguien se rebelaba y ensoberbecía contra los dioses.
4) Gilgamesh se rebeló contra el orden, tal vez incluso intentó divinizarse. Federico Lara en sus notas a pie de página dice que desde la Antigüedad Gilgamesh fue identificado con el Nemrod bíblico y que Flavio Josefo recogió una tradición que lo representaba como constructor de la torre de Babel. Nemrod (“nos rebelaremos”) era nieto de Cam, e “iba convirtiendo poco a poco la marcha de los asuntos en una tiranía” ; ensoberbecido, construyó la torre para enfrentarse a Dios. Gilgamesh pertenece a esa estirpe que incluye a Prometeo y a Lucifer. Los persas identificaban a la constelación de Orión como “Nimrod” vinculándolo con el ángel rebelde Shemhazai y con el cazador griego que ofendió a su dios. En las Antigüedades Bíblicas del Pseudo-Filón se dice acerca de Nemrod: “el que comenzó a ensoberbecerse ante Dios”.
5) Utnapíshtín adereza a Gilgamesh y lo prepara porque tiene un pendiente: su destino, su cita con la muerte. Si Ifigenia es, entre los griegos, la novia de la muerte, Gilgamesh-Enkidu sería el equivalente sumerio masculino.
6) Polvo son Nínive y Uruk. Gilgamesh, que afanoso buscaba la inmortalidad, también es polvo, incluso pudiera ser una de las vasijas de arcilla que adornaban el museo de Bagdad, polvo son las sólidas murallas que edificó y la lápida de piedra donde grabó sus hazañas. Pero el nombre de Gilgamesh no se ha borrado y persiste a través de su leyenda.
7) Enkidu y Gilgamesh son mundos complementarios y distintos, lo salvaje y lo refinado, la muerte y la vida, la realidad y el sueño. El doble representa todo lo que uno no puede ser. Y ¿qué es lo que uno no puede ser?, la muerte, sin duda. Un muerto...sí pero también un vivo, un muerto-vivo, una muy cercana definición de lo que es un artista, un hombre que ha elegido el Arte contra la Vida originando al doble. Gilgamesh encontró la inmortalidad que tanto buscaba, pero no como la deseaba, sino en un mito que permanentemente se rejuvenece. La planta moly.
8) La iniciación termina ante un espejo, el supremo horror; decían los hebreos “ver a Dios es morir”, verse a sí mismo tal como se es en realidad, también. Se ha conocido a sí mismo.
9) Cuál es el secreto que los dioses han confiado a Utnapíshtim y le ha otorgado la inmortalidad y por el cual Gilgamesh recorrió todos los países y todos los mares, condenándose a la miseria, y llenando su cuerpo de dolor. En el límite de la desgracia recibió la enseñanza de “el Lejano”, pero no comprendió:  “—Te voy a manifestar, Gilgamesh, una cosa oculta, te comunicaré un secreto de los dioses. [...] Renuncia a las posesiones y preocúpate de la Vida. ¡Despégate de los bienes y salva tu vida!” (233) Y le ha narrado el diluvio, un mito de renovación, le ha pedido que no se duerma, pero el héroe ya no escucha, por eso Utnapíshtim dice: “¡Contempla a ese héroe que busca la Vida! El sueño lo envuelve como a una niebla.” (241)
10) La ficción implica un diálogo consigo mismo, a veces largo y desgastante; para dar vida a sus sueños el creador, en su soledad ritual, utiliza carne de su carne. La creatividad corresponde a seres marginales, anómalos, a quienes la realidad no los convoca y buscan escapar de ella a través del arte.
El doble está hecho con este material, surge de adentrarse en las profundidades del espejo, viene desde la otra parte, lucha a brazo partido con su creador, como Jacob con el ángel, como Cervantes con el Quiote; y en este duelo ¿quién tendrá la mejor parte?
El mito del doble incluye un ritual de renovación, una experiencia iniciática; en la Epopeya de Gilgamesh están incluidos el diluvio, el cambio de piel de la serpiente, nuevos ropajes, el retorno al buen salvaje. ¿Enkidu es Gilgamesh disfrazado?, ¿Gilgamesh es Enkidu entronizado?
El doble nace de un repudio social o individual, en un estado intermedio y crepuscular. Y, como el arte, está en íntima relación con el sueño, con el amor y con la muerte.

 

 

 

 

Poema de Gilgamesh, estudio introductorio p.28

Gilgamesh  traducción, introducción y notas de Jorge Silva Castillo. Colegio de México, 1994. p.15

Agustí Bartra. “La epopeya de Gilgamesh” en Para qué sirve la poesía. ”Siglo XXI editores, México 1999. p.259

Cf. Claudio Eliano. Historia de los Animales. Libro XII (Traducción y notas por José María Díaz-Regañón López) Madrid, Gredos. 1984  pp.132-133.

Cf. Ovidio Fastos. Madrid, Editora Nacional. 1984, p.177-178

Cf. Theodore H. Gaster. Los más antiguos cuentos de la Humanidad.(trad. Hernán Rodríguez) Buenos Aires, Librería Hachette 1956 pp.52-60.

Ibid. p.53

Himnos Homéricos/ La “Batracomiomaquia”. Traducción, introducciones y notas de Alberto Bernabé Pajares, Madrid, Biblioteca Clásica Gredos 1978 p.193.

Cf. Robert Graves. Mitos Griegos II. (Trad. Luis Echávarri) Buenos Aires, Losada. 1967  pp136-137.

Cf. James G. Frazer La Rama Dorada. (Trad.Elizabeth y Tadeo I Campuzano) México. FCE. 1969 p.407

ibid. p.56

Este sueño está tomado de una nota a pie de página de Gilgamesh. Traducción directa del acadio, introducción y notas de Jorge Silva Castillo y se refiere a un texto de J. Bottéro. Colegio de México, 1994 p.86

También tomado de la versión de Jorge Silva Castillo, p. 125.

Cf. Jan Kott. “Gilgamesh o el hombre mortal” (Trad. Mario Merlino) en Letra Internacional 11/12, Madrid, 1986 p.42

ibid. p.44

Samuel Noah Kramer. El Matrimonio Sagrado en la Antigua Súmer. (Trad. Miguel Molina) Barcelona, AUSA, 1999 p. 71

Cf. María Daraki. Dionisio y la Diosa Tierra. Madrid, Abada. 2005 p.180-181

ibid. p.125

Flavio Josefo. Antigüedades judaicas. Libro I, Edición de José Vara Donado, Madrid,, Akal, 1997 p.40

Robert Graves y Raphael Patai. Los mitos hebreos. (Versión de Luis Echávarri) Buenos Aires; Losada, 1969 pp.146-151

Apócrifos del Antiguo Testamento Tomo II. Obra dirigida por el profesor Alejandro Diez Macho. Madrid, Cristiandad 1983 pp. 214-219