Rafael García. Literatura y ciencia

Profr. Humberto Ortega Villaseñor

Durante el curso de “Literatura y ciencia”, se analizaron, principalmente, las relaciones que entrelazan estas dos ramas del conocimiento. Desde un enfoque multidisciplinario, en el curso se mostró cómo en los años recientes, ha sido necesario reevaluar la situación de estas dos áreas del conocimiento, así como los límites de las mismas no sólo entre sí, sino también con otras disciplinas, como la historia, la filosofía y la mitología. Uno de los principales aspectos de este curso, fue percatarnos de que en la actualidad, ciencia y arte no son tan independientes como muchas veces se suele pensar, sino que al contrario poseen varios puntos de enlace y tienen mucho que aportarse recíprocamente. Los límites que otorga la tradición, las divisiones que aprendimos en la educación formal, en realidad no son tan tajantes como parecían. Esto posiblemente se debe a que esa división entre las disciplinas en realidad es más reciente de lo que creemos. Además, dicha división es un hecho que está más bien relacionado con aspectos sociales y otros intereses que poco tienen que ver con los objetivos que pretenden las disciplinas. Es una cuestión práctica y accidental y no un aspecto esencial del conocimiento.

El primer punto crítico lo obtuvimos en la lectura “Ciencia, una visión compleja”. En esta reseña sobre el libro Historia de la ciencia, de Carlos Solís y Manuel Sellés, Susana Gómez muestra el equívoco que tienen las visiones unilaterales de la ciencia, no sólo de la manera en que se realizan los estudios, sino también la visión que se tiene de ella, sus valores históricos y culturales. De acuerdo con la autora:

Si algo ha puesto de manifiesto la investigación en el seno de la disciplina ha sido la imposibilidad de reducir las causas del cambio científico, de sus progresos, retrocesos o estancamientos, de sus modos de explicación del mundo natural, a factores unívocos y generalizables, ya sean estos la experimentación, la matematización o los factores de índole social. (Gómez, 2007: 150)

No sólo se han modificado los intereses y avances de la ciencia sino también la concepción que hemos tenido de ella a lo largo de los siglos y en distintas civilizaciones. Uno de los aspectos interesantes que señala Gómez es que el origen de la ciencia no se sitúa, como estamos acostumbrados a pensar, en Grecia, sino en Egipto y Mesopotamia, antes incluso de que surgiera la concepción desacralizada de la naturaleza con la que opera la ciencia occidental. Ya desde aquí en el curso se planteó que la visión tradicional o rígida que conocemos es más un aspecto cultural que una Verdad. De hecho como veremos más adelante la misma ciencia objetiva, en realidad frecuentemente está relacionada muchas veces con aspectos económicos, políticos, militares, etcétera.

El tema de la objetividad en los estudios científicos, es precisamente el punto que discute Rupert Sheldrake en “Ilusiones de la objetividad”, donde muestra algunas de las fuentes de parcialidad de los estudios científicos en la actualidad. De acuerdo con este artículo, “la mayoría de los científicos se han convertido hoy en día en unos servidores de los intereses militares y comerciales. Casi todos tratan de hacer carrera dentro de las instituciones y organizaciones profesionales.” (Sheldrake, 1995) El autor desarrolla cómo aunque la ciencia para muchos ha pasado a ocupar un lugar equivalente a la religión como fuente de la verdad y los valores, en realidad, existen varios contratiempos en esta creencia. La ciencia, al igual que la mayoría de las disciplinas, es víctima de diversas fuentes de parcialidad y en muchos casos, a pesar de presentar datos cuantitativos “duros”, en realidad las investigaciones están sesgadas desde un principio por intereses personales, prejuicios o por situaciones culturales y económicas que predeterminan a los propios investigadores o a los medios que publican los resultados de esas investigaciones. Una de las principales proviene precisamente del carácter profesional que tienen los científicos. Los organismos académicos que dictaminan la difusión de los estudios científicos, también son fuentes de parcialidad al promover los estudios que se sitúan dentro de un “canon” establecido, tanto en el método como en el estilo, lo cual obliga a veces a los mismos científicos a caer, inconscientemente muchas veces, en ese juego de la pretensión de la objetividad, y en el corsé de las ideas previamente conocidas.

José Manuel Sánchez Ron, en su artículo, “La ciencia, tema de nuestro tiempo”, ahonda en la explicación de algunas de esas fuentes de parcialidad, particularmente las de tipo económico. El desarrollo de la ciencia, particularmente a partir del siglo XX, se dirigió principalmente al área de las tecnologías de la información y las telecomunicaciones. Este tipo de desarrollos científicos se han orientado más bien a la tecnología, al desarrollo de instrumentos, que a la “búsqueda de la verdad”. Hay que recordar que muchos de los desarrollos estuvieron en un principio relacionados, por ejemplo, con las ciencias bélicas, o fueron impulsados por las grandes ganancias que producían. Silicon Valley fue un ejemplo de esto, al grado, que algunos científicos decidieron “traspasar las fronteras de la academia de una manera mucho más radical que cuando antes habían aceptado trabajar para laboratorios industriales… convirtiéndose ellos mismos en empresarios” (Sánchez, 2007: 15). El autor refiere cómo el desarrollo de la ciencia, se verá afectado en el futuro, por las herramientas que ella misma produzca y se otorgue a sí misma. Pero cabe mencionar que la ciencia no actúa sola, sino que su desarrollo está motivado por los mismos intereses que hemos mencionado. Las ciencias bioquímicas y las ciencias físicas relacionadas con la producción de energía, son dos ejemplos que menciona Sánchez Ron.

Por su parte, Mircea Eliade, en “Lo sagrado y lo profano”, cuestiona la actitud del hombre moderno no-religioso. Para este autor, lo sagrado y lo profano existen como situaciones existenciales que influyen principalmente en la posición que adopta el hombre ante el mundo. Los hombres primitivos y aún el hombre religioso contemporáneo, buscan normalmente pasar la mayor cantidad de tiempo de su vida en el universo de lo sagrado. Es decir, en un tiempo circular, mítico y que se revive a través del rito. Mientras que el hombre moderno trata de vivir la mayor cantidad de tiempo en un mundo desacralizado, en el universo de lo profano. Sin embargo, esta actitud del hombre no-religioso también cuenta con diversos vestigios del hombre religioso. Aunque no se percate de ello, el hombre moderno, vive a veces en esas huellas de lo sagrado a través de ciertos ritos, celebraciones o actitudes modernas, como el cine y la literatura, que lo conducen a vivir en un tiempo distinto al suyo.

Si bien Sánchez Ron, hablaba de la tekné de la ciencia, Mercedes Gómez Blesa nos habla de la poiesis, la creación, en su artículo “La poesía de la ciencia”. La principal relación que se describe aquí es la de la parte creativa de la ciencia. Además de algunos puntos de contacto entre autores específicos, tanto del lado de la ciencia como de la literatura, la principal relación es la necesidad que ambas disciplinas tienen del lenguaje. Aunque muchos científicos no lo admitan, las metáforas no sólo son un “ornamento”, sino que son una manera de plantear el conocimiento nuevo, incluso en la ciencia. Ésta, por más pretensiones de objetividad que tenga, no está exenta de procesos discursivos, ya que la verdad como concepto, como valor, está determinada por estrategias sociales. Citando a Nietzsche, el autor recuerda que “La idea de verdad a la que tanto se aferran los científicos y filósofos no es más que una mentira consensuada y el impulso a la verdad nace del olvido inconsciente de esa mentira.” (Gómez Blesa, 54-55). En este punto cabe traer a colación al filósofo, Richard Rorty, a quien actualmente estoy trabajando (aunque no en la tesis), quien también sigue a Nietzsche y propone de hecho la crítica literaria como un método para intentar aprender y reformular los paradigmas. En otras palabras, propone pasar de una Verdad Redentora (religiosa, científica, filosófica) a una verdad literaria, que admita su carácter contingente y no absoluto, que pueda ser utilizada de manera pragmática.

El artículo de Gómez Blesa nos sirve claramente de enlace al siguiente de los grandes temas tratados durante el curso: el planteamiento popperiano como andamiaje para el análisis de la creatividad. Aquí, se nos muestran puntos de contacto entre ciencia y arte utilizando las propuestas de Karl Popper. Este filósofo, quien se pronunció también en contra de la objetividad del método científico, plantea las categorías epistémicas y toma en cuenta la subjetividad del conocimiento científico. En vez de proponer el método científico para alcanzar la verdad, acepta el de prueba-error. En su pensamiento hay tres categorías epistémicas: el primer mundo o los instrumentos utilizados, el segundo mundo o la subjetividad del individuo (que puede ser un investigador o creador) y el tercer mundo, que es el producto obtenido con ese juego de la subjetividad y los instrumentos. Estos mundos sirven como base para un modelo de análisis de la creatividad en ciencia y arte como un proceso, compuesto por cuatro etapas: la preparación, la incubación, la iluminación y la verificación. Este modelo sirve para analizar el proceso creativo y al tiempo que desmitifica el papel del método científico como algo definitivo, destaca en las obras artísticas el hecho de ser un producto epistémico, es decir, la creación de arte es también creación de conocimiento. Y al igual que las ciencias, las concepciones a través de las cuales se aprehende el arte y la historia del mismo, se deben reevaluar constantemente, en palabras de López Cuenca (citado por Ortega):

Hoy es insostenible una visión lineal progresiva de lo que pasa en el terreno artístico. Esto se debe, por una parte a la multiplicidad de estrategias de creación artística que dificulta sobre manera enfilarlas a todas por un camino evolutivo, pero también al aumento y la discrepancia entre las distintas teorías explicativas del arte contemporáneo. Ya no hay una sola postura dominante que dictamine lo que ocurre en el campo del arte (López Cuenca, citado por Ortega, 2003: 246)

El anterior planteamiento del andamiaje y el planteamiento popperiano, se aplica al análisis de la creatividad en el artículo “Árbol de vida, en los orígenes de la escritura”, también de Humberto Ortega. En este caso se analizan las categorías y se explica el proceso tomando en cuenta la creación de una serie de obras plásticas. Se explica aquí, cómo esta serie no surge de la nada o de un interés únicamente emotivo, sino que existe para la obra de arte una investigación: en la primera y segunda etapas se analizan elementos del tercer mundo (el alfabeto maya y chino) y se seleccionan para entrelazar algunos aspectos de distintos sistemas lingüísticos que el autor se propone “encontrar la manera de reflejar artística y simbólicamente aquellos rasgos o componentes que me parecían estar presentes como constantes universales de múltiples alfabetos.” (Ortega, 2004) Posteriormente se explican los procesos de iluminación y verificación llevados a cabo por el creador para realizar la obra artística. En este caso, se confirma el aspecto del arte como creación de conocimiento. En otro artículo del mismo autor, “Del enigma de separación de las lenguas a su fusión generativa”, retomando el pensamiento de Popper se destacan algunos de los aspectos que están mas allá de una percepción estética y se propone el caso del chino y el maya como un ejemplo posible de sincronicidad en diferentes civilizaciones. Se realiza un planteamiento en estas obras de parte de los alcances desde el punto de vista epistémico de estas obras, al recordar algunos aspectos que plantean la posibilidad de las evoluciones paralelas del pensamiento en diferentes culturas. De todas estas muestras de las posibilidades que ofrece el modelo popperiano, quisiera destacar que uno de los puntos clave es que al tomar en cuenta los modelos de ensayo-error, es que con éste se reduce el riesgo de caer en la tendencia a disfrazar la búsqueda de un resultado específico a través de los mecanismos como el método científico y el estilo impersonal que caracteriza las “comunicaciones” o los artículos científicos, que ya Sheldrake había discutido. Esto no quiere decir que se elimine la subjetividad, sino al contrario, que se asume como parte importante del proceso de creación del conocimiento.

El surgimiento de nuevos modelos para analizar la creatividad, y para concebir la ciencia y la producción artística también está presente en la crítica literaria. En el ensayo “Los tres Borges”, Fernando R. Lafuente, se analiza como este escritor argentino propuso la historia literaria como un diálogo entre las distintas obras. Como ocurre con la sincronicidad, en este diálogo, en el que la lectura, la escritura y el comentario o crítica intercambian sus papeles, no es un disparate hablar de la influencia de un autor sobre otro que le antecedió. Es decir, se elimina el valor a la linealidad histórica, ya que con la lectura de un libro se puede modificar no sólo al lector, sino al pasado mismo. La figura de Borges es un ejemplo en el cual confluyen los papeles de autor, de personaje, y de lector transformado por la lectura. De acuerdo con Lafuente la lectura es también creación y al igual que la ciencia, el texto literario no es un reflejo de la realidad o expresión de la verdad, “sino algo agregado al mundo, que sólo se configura como hecho estético mientras lo crea el autor o lo recrea el lector.” (Lafuente, 49) En otras palabras, la literatura es otro de los espacios en los que se presenta la desmitificación de la concepción tradicional, en este caso del papel del autor-dios, hacia “la asunción del autor como lector”. (Lafuente, 55)

Por último, el ensayo “En las fronteras de la ciencia: nuevos modelos para antiguos misterios”, nos remite en parte a la lectura de “Lo sagrado y lo profano” de Eliade. Me parece muy conveniente esta tendencia a reevaluar los aspectos de las teorías del pasado que nos permitan comprender el mundo desde una manera integral y aceptar la multiplicidad de puntos de vista y la posición y alcances limitados que tienen los recursos del hombre para comprender la naturaleza.

En suma, en este curso se plantearon varios aspectos que ponen en contacto a la literatura y la ciencia: el carácter subjetivo de sus estudios, los aspectos creativos y culturales (como el lenguaje) que los influencian, las posibilidades de interpretación sincrónica de sus resultados y el carácter de sagrado que se les ha otorgado a veces inconscientemente. Como conclusión, quisiera agregar que los modelos son necesarios, con todos sus límites y todos sus posibles problemas no debemos olvidar que la física newtoniana y la ciencias incluso desde puntos de vista tradicional, han funcionado para ciertos propósitos. Todas las limitaciones que pueda tener la medicina y la química no eliminan la cantidad de vidas que han salvado los avances en estas ciencias. Tecnología no necesariamente es igual a destrucción. Pero las realidades cotidianas nos han mostrado frecuentemente que el “mito del progreso” y de la “razón” están causando en realidad tantos problemas como causó en otra época el dominio hegemónico de ciertos estratos de la población vinculados con la religión.

Me parece muy importante el reconocimiento de la existencia de “modelos” y la aceptación de que nuestro pensamiento y nuestras teorías, necesariamente son tales y por lo tanto no puede haber una sola forma de conocimiento que tenga carácter de verdad absoluta. Es decir que la razón, o el intelecto no abarcan la totalidad. La lógica misma es un lenguaje referencial, pero no es la realidad. Esos modelos funcionan con ciertos propósitos y siempre son perfectibles. De ello resalta la necesidad de perspectiva, para toda teoría, y la importancia de tener conciencia de los límites de cada modelo con respecto al mundo. Precisamente en este punto, en el de crear perspectiva y ampliar la conciencia de los distintos aspectos de la realidad es posiblemente donde la literatura y la ciencia tienen más que ofrecerse la una a la otra, para complementarse.


FUENTES
Eliade, Mircea, “Lo sagrado y lo profano”, versión en línea en: http://www.mercurialis.com/RYFT/Mircea%20Eliade%20-%20Lo%20Sagrado%20y%20lo%20Profano%201.html

Gómez, Susana, “Ciencia; una visión compleja” en Revista de Occidente, N° 309, febrero 2007.

Gómez Blesa, M., “La poesía de la ciencia”, en Revista de Occidente, N° 308, enero 2007.

Lafuente, F.R., “Los tres Borges”, en Revista de Occidente, N° 301, junio 2006.

Ortega, H. “Árbol de vida, en los orígenes de la escritura”, en Revista Alpha, Revista de Artes, Letras y Filosofía, Universidad de Los Lagos, Chile, N° 20, Año 2004.

____________“Una investigación creativa, El chino y el maya”, en Semiosis, N° 6, Año 2007.

Ortega, H.& Quiñones.G., “En las fronteras de la ciencia: nuevos modelos para antiguos misterios”, en Ars Brevis, Anuari de la Catedra Ramon Llull Blanquerna, N° 14, Barcelona, 2008. 
Sánchez Ron, J. M., “La ciencia tema de nuestro tiempo”, en Revista de Occidente, N° 319, diciembre 2007.

Sheldrake R.,  "Ilusiones de la Objetividad" en Siete Experimentos que pueden Cambiar el Mundo, Paidós, Barcelona, 1995.