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Resonancia del entorno en el cambio evolutivo

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Humberto Ortega Villaseñor y Genaro Quiñones Trujillo


Departamento de Estudios Literarios
Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades
Universidad de Guadalajara

 

 

 

Resonancia del entorno en el cambio evolutivo

El indígena que alude a aspectos
 de la realidad que contravienen la
lógica del mundo cotidiano, no es
 que haya perdido el juicio, o que sea
un ignorante, o un supersticioso, sino
 que él ha aprendido por experiencia,
que a realidades diferentes corresponden
lógicas también distintas.
Víctor Sánchez

Introducción                                                  
La sobrevivencia de las comunidades aborígenes es a un mismo tiempo una batalla vieja y nueva. Vieja, porque lleva tiempo con la misma vestimenta de conflicto superado desde la perspectiva de las culturas vencedoras. Y muy moderna, porque siendo falsa dicha presunción, buena parte de la solución a problemas de fondo originados por la fragmentación de la clarividencia, la disyunción de valores morales y la pérdida del sentido del modelo occidental, bien pudieran desprenderse de la revisión de los principios filosóficos y valores sociales que sostienen a algunos de esos sistemas de vida como modelos culturales integrales.

            Contrariamente a lo que se cree, la situación de la mayoría de las comunidades aborígenes en el mundo ha sido muy crítica, especialmente, en las últimas décadas.  El Profesor Bernard Nietschmann escribía, refiriéndose al año 1987, que

...de los 120 conflictos militares en el mundo, tres cuartas partes involucraban la lucha de naciones nativas buscando mantenerse apartadas o libres de la ocupación de Naciones-Estado más grandes. Y es que, el objetivo de dichos conflictos era y sigue siendo el mismo: romper la idea de propiedad comunal de los nativos sobre la tierra y separar a esos nativos de las tierras de sus antepasados (citado por Mander, 1992: 263).

En fechas recientes de esta batalla a escala mundial, las fuerzas del desarrollo económico de Occidente siguen asaltando a los pueblos nativos que restan en el planeta.  Pueblos, cuya presencia obstruye su progreso.  En algunos lugares el asalto es violento, en otros -como en Estados Unidos- es de carácter jurídico. Dada la falta de conciencia pública y la escasez informativa en medios masivos de comunicación, es muy probable anticipar una «solución final» al problema de las comunidades indígenas.  El desenlace de esta ofensiva dependerá de permitir que una visión alternativa del mundo —aún viva por su arraigo y conexión antigua con la Tierra— pueda continuar expresando aquello que resulta insano y suicida del designio tecnológico occidental. (Ídem) .

La drástica reducción de los territorios y la devastación de la base sustentable de muchas comunidades, pueblos y naciones bien diferenciadas, a merced de intereses oligopólicos que buscan la explotación de sus recursos o de estados nacionales que intentan integrarlos al panorama dominante, no son ninguna novedad. Tampoco, cierta descomposición de tradiciones, mitos y costumbres, como consecuencia de su exposición a medios y sistemas de comunicación electrónica violentamente persuasivos. El impacto de estos elementos, paradójicamente, pone en riesgo matrices gnoseológicas que podrían resultar claves para aliviar la confusión en el mundo que toca vivir a las presentes y futuras generaciones.

            Este breve ensayo es un ejercicio de reflexión filosófica sobre el ser del hombre de nuestros días inspirado en la supervivencia de dichas matrices culturales.  Busca sentar, desde un enfoque diferente, un modesto cuerpo de ideas básicas que refresque la crítica emprendida en este siglo y el anterior por pensadores de las más diversas disciplinas (etnólogos, historiadores, sociólogos y psicólogos, entre otros), hacia la propuesta totalizadora de la cultura occidental. Se intenta dilucidar sobre la trayectoria cada vez más ciega del quehacer reciente del hombre moderno y sobre la necesidad de reintegrarlo a su verdadera escala natural.

Re-ligare Natura
Todo quehacer de la raza humana responde a una estructura evolutiva arquetípica que impide al ser humano desprenderse voluntariamente de su estado mítico o mágico. Por ello, la esfera de necesidades que lo impulsan a actuar o a avanzar expresa necesariamente un modo de religiosidad, que lo conduce incuestionablemente a realizar a Dios. No importa que ese dios hoy día esté suplantado para muchos por ideas de grandeza, anhelos de poder o deseos por estrenar coche cada año.

            En la curva de la vida, la persona vive llenando los huecos que le indica esa divina nostalgia. ¿Cómo entiende su tiempo, cómo lo integra, cómo lo usa?  Es lo de menos. El individuo, a cada momento de su existencia, trata de colmar con sucedáneos un vacío que no puede explicarse. Si la gente se ve privada de sus móviles fundamentales, llámese juventud, poder, sexo, trabajo, dinero, status, hijos, etc. de algún modo se derrumba. Algunos individuos inclusive mueren cuando ese que-hacer axial en sus vidas termina. No tienen nada más que-hacer, según su modelo de comprensión del mundo.

Lo has dicho, el hombre escuchaba a Pitia y buscaba un significado que necesariamente estaba más allá de la primera impresión que dejaban las palabras. El griego veía a la sibila intentando descubrir el designio de Apolo, oía un signo y buscaba un significado, recibía palabras y escudriñaba hasta develar un anuncio (Ponce: 212).

Hoy en día no es así.  Lo propio del ser humano es sentirse afligido, o satisfecho un instante, para luego volver a la búsqueda. 

            Por otra parte, cabe reconocer que el hombre es un ser natural. Al ser parte de todo, es parte de Natura. El individuo puede saber que nada es ajeno a ella o ignorarlo, pero eso no importa. Todo lo que pueda él saber o estar consciente sobre lo particular resulta, entonces, irrelevante, ya que la inexorabilidad del vínculo es radical. La persona hace y puede comprender. La persona hace y puede no comprender. No entender cómo funcionan las cosas, no interpretarlas como un caos. Por ejemplo ¿qué hace el habitante de la ciudad? Perder conciencia de sí mismo, de su función natural y del hecho de que, la construcción misma de las ciudades, es empujada por el mundo exterior. Olvida que todo lo que ocurre o le acontece es decidido y empujado por la Naturaleza.

            El habitante urbano quizás alcance a entreverar que las hormigas existen, que hacen hoyos en la tierra y que procuran hacerlos en determinados espacios. Sin embargo, es difícil pensar que coligue el propósito de esa acción con el entorno, siendo que, construir hoyos posiblemente tenga que ver con permitir que el terreno drene el agua de la lluvia que cae con más facilidad, a efecto de enriquecer los mantos freáticos. Obviamente, no relacionará tampoco, por qué un terreno en que las hormigas fueron exterminadas no produce. Es decir, a ese individuo se le hará muy difícil entretejer este tipo de fenómenos para deducir algo tan simple como la cadena ecológica.

            Es como el lirio de Chapala. Por largo tiempo creímos que era un fastidio, cuando una de sus funciones vitales ha sido la de filtrar metales pesados. Muchos de los esquemas de solución que en su momento se emprendieron se empeñaban en sacarlo del agua, o bien erradicarlo, siendo que ése no era el nudo del dilema. No era sacando el lirio del agua como iba a resolverse el problema, sino limpiando de metales el agua.

            Hay un relato bello sobre el brezal (que es la hierba que forma pequeños arbustos que crecen incipientes sobre un lugar). Es aparentemente insulso. El brezal genera sombra en lugares muy calurosos. Los borregos no lo ingieren, pero deciden hacer sus desechos sobre él, lo que representa su abono. Al tiempo, los terrenos donde hay brezal mejoran y se convierten en espacios productivos porque atraen las nubes y la lluvia. Los terrenos mejoran por una fuerza exterior que se produce. Este ciclo es destruido cuando se decide simplemente exterminar el brezal por considerarlo un estorbo.

Ignorancia sobreinformada

No hay que perder de vista algo crucial: el ser humano está inmerso en el Cosmos. Depende del Cosmos y no puede escindirse de él. Por ejemplo, nuestro sol es una estrella enana. El diámetro de una estrella como Cirio es quinientas veces más grande que nuestro sol. Mientras que la Tierra gira —al igual que los planetas— hacia la derecha, el sistema solar en su conjunto se desplaza hacia la izquierda, con rumbo a Hércules y la estrella Vega, los cuáles, a su vez, caminan en movimiento descendente. ¿De qué estamos hablando?

            Pensamos a veces que los seres humanos somos ajenos a toda esta infinitud. Y, pensar eso es un absurdo. Cada cubierta tiene leyes gravitacionales y de frecuencia ondulatoria rigurosas que no es posible trastocar aunque quisiésemos. La persona (su cuerpo astral, mental, incluida su alma) no podrían interactuar sino conforme a esas leyes. ¿Por qué un asentamiento urbano, que produce conflictos en las ciudades durante el día, llega a parecer un bello bordado de superficies aterciopeladas al contemplarlo de lejos por las noches? ¿Acaso es una coincidencia que las luces proyectadas correspondan a constelaciones identificables o será que el instinto del hombre —al igual que el instinto de las hormigas— lo llevan a aglomerarse en ciudades para ser inconscientemente reproductor de posiciones estelares? Desafortunadamente, la persona, tal vez al igual que la hormiga, parece haber perdido la pista sobre sus instintos. 

Estuvieron allí, hicieron todas las preguntas, lo vieron con sus propios ojos, pero nunca se enteraron de lo que verdaderamente estaba ocurriendo, y nunca se enteraron de que no se enteraron. Las interpretaciones, desde el punto de vista del pensamiento occidental, no pueden proyectar más que reflejos del propio pensamiento occidental proyectados hacia el exterior y luego tomados como la realidad (Sánchez: 76).

Las personas no poseen ya la facultad que tenían los griegos para comprender, digamos, el número y su relación cualitativa con otros números. Difícilmente, llegan a depurar situaciones cualitativas a partir de su lectura. A diferencia de la hormiga, el ser humano tiene conciencia. ¿Habrá individuos que hayan aprendido a identificar —por cualquier lugar donde caminen— la frecuencia lumínica a la que los bordados mencionados pertenecen?  Diría Mirdad, «…el hombre es un dios en pañales y el tiempo es un pañal.  El espacio es un pañal y la carne es un pañal.  De igual modo son pañales todos los sentidos y las cosas por ellos percibidas.  La madre sabe que los pañales no son la criatura. Pero la criatura no lo sabe...» (Naimy: 58).

                  Hay caminos sagrados como en Santiago de Compostela, que, cuando los ve uno en el plano, es posible verificar que corresponden a una copia invertida de Virgo. No habría nada que comentar, si uno no se preguntase, ¿qué clase de Astrología manejarían los arquitectos del pasado, cuando el campo de conocimiento que supone abarcar dicha disciplina hoy día, está limitado a la influencia de los planetas cercanos a la Tierra?  ¿Existiría otra disciplina más amplia?  No lo sabemos. Como no creemos que sea motivo de preocupación siquiera para los que actualmente hacen urbanismo. 

                  No obstante, estamos convencidos de algo: que ha de producirse un intercambio constante de flujos de energía entre la Tierra y el Cosmos.  Intercambio que explique y decida en última instancia toda disposición urbanística.  La Tierra, por su parte,  posiblemente devuelva energía en forma parecida al fenómeno de la luz holográfica, el cuál, consiente un intercambio de energía entre dos objetos. ¿Será el Universo un juego de calor y movimiento invariable que tiene que involucrar a la Tierra?

Tecnología-cuerpo-ciudades
Todo lo que el hombre hace, sin duda, acaba siendo tecnología.  Por eso, hay que razonar la tecnología como la extensión de uno o varios de sus sentidos, los que, una vez desarrollados, modifican a su vez lo que el ser humano tiene frente a sí, esto es, su mundo. A ello se debe que, lo que se nos presenta como tecnología, de alguna manera, exprese otra forma deificada del ser.

            En la actualidad, además, la técnica está impulsando cambios que alteran profundamente las condiciones vitales del hombre. Como lo apunta Friedman,

…los estímulos y las solicitaciones ambientales están dotados de un ritmo y una aceleración sin precedentes; nadie puede dudar que el psiquismo del hombre y, en particular, su manera de sentir, percibir, imaginar y querer han sido alcanzados por la presión, tan rica y variada del medio, así transformado, y por la necesidad incesante de reaccionar ante tal presión (Friedman: 43). 

            Desgraciadamente, la irrupción de nueva tecnología no es gratuita. Es cada vez más caótica y desconcertante (Pfr. Mander: 188).  No hay filtros que impidan su emergencia cuando resulta abiertamente nociva para el hombre. Generalmente, es lanzada a los mercados por aquéllos que se benefician más con su aceptación. A este respecto,  Mander afronta tanto los móviles, como los propósitos:

El público no se involucra, no hay foros para argumentar en torno a ella. No hay pros ni contras. No hay referéndum.... Con el tiempo la voz de alarma se apaga; las tecnologías se ensamblan unas con otras gestando una nueva generación de máquinas, lo cuál, hace casi imposible el desagregarlas, aún si la sociedad tuviese ese propósito.... Nosotros continuamos viendo [a las tecnologías], como si estuviesen separadas, como si se trataran de sistemas discretos, cuando no es así. Las computadoras se encuentran en la base de todas ellas, lo que permite enchufarlas entre sí y conectarlas a sistemas centrales de administración y control institucional de un modo que nunca antes era posible. De hecho, el complejo total de redes de sistemas debió haber sido concebido precisamente como una tecnología que fuera capaz de englobar al orbe y que pudiese comunicar a todas sus partes instantáneamente. Mas que biósfera, contamos con una tecnósfera. Llámese megatecnología (Mander: 188-189) .

Como sociedad hemos sido lentos aprendices, pero hay una conciencia emergente que parece indicar que pudimos haber sido desviados del camino del Edén con falsa publicidad, a fin de incursionar en un mundo de fantasía creado por románticos que obtenían participación económica de nuestra aceptación de su sueño (Mander:190) .

Aprensión fugaz
El fenómeno de la comunicación está fuera del uso de esas leyes. ¿Por qué? Porque los medios de comunicación social nos ofrecen estímulos artificiales y esos estímulos artificiales son los que están caracterizando a la nueva cultura del simulacro nacida de los mass-media. «Cada cultura crea su propia gama sensorial de acuerdo a las exigencias de su medio» (J.Culkin, citado por Gutierrez: 108). De modo que, las posibilidades perceptivas de cada individuo en Occidente están siendo condicionadas por una cultura que está cincelada por los medios de comunicación masiva. Sin embargo, aunque cada experiencia sensible libere una cantidad determinada de energía sensorial, la repartición de esta energía entre los cinco sentidos varía según el medio utilizado. (Gutiérrez: 108).

            Quizás pudiese resumirse lo que ocurre en una fórmula simplificadora: a un mayor volumen y velocidad de datos corresponde mayor ignorancia y desprendimiento de esta realidad. Por ejemplo, ¿Qué tanto puede uno conocer la carretera a Chapala si viaja en automóvil tres veces a la semana durante diez años? 52 semanas x 3 = 156 x 10 = 1560 viajes. ¿Qué tanto puede uno aprender si recorre el mismo camino una sola vez a pie o en bicicleta? En el primer caso, no podremos hacer narrativa para un libro de viajes; en cambio, en el segundo, sí. Esa es la paradoja cognitiva cuando uno imprime velocidad a las cosas.

            Los medios de comunicación aumentan la velocidad porque son extensiones del hombre. Si decimos, ¿cuánto es 23 x 72?, y realizamos la operación, nos daremos cuenta que, aunque el procedimiento es más lento, estamos en posición de obtener los logaritmos que nos lleven al resultado 1456. Esto es, conocer con certidumbre número, procedimiento y resultado. Cosa que no ocurre si realizamos el proceso con calculadora. Ésta no muestra los componentes de cada operación sino únicamente el resultado.

            El encanto característico de la imagen del mundo de hoy proviene de su inmediatez.

La inmediatez de las imágenes como representación del mundo y de los seres es lo que produce un choque directo a la afectividad y sensibilidad del consumidor de imágenes. Las imágenes nos ofrecen informaciones concretas, poliformas y vivenciales. En presencia de las imágenes, la percepción, intuición y afectividad se pone en juego antes de que las instancias de control de la personalidad hayan llegado siquiera a estar en condiciones de captar los mensajes intencionales (Cohen-Seat y Fongeyrollas, 1967: 35). Las imágenes llegan a dominar al hombre en su propio inconsciente. Impulsado en todo momento y por doquier por la inmediatez de las imágenes y sonidos, el hombre se ha convertido en consumidor satisfecho del encanto de la imagen... (Gutiérrez: 23).

Esferas tribales
Una contribución fundamental de Marchall Mc Luhan (1964) a la teoría del conocimiento es que las sociedades tribales poseen una visión global de su mundo. La integración al contorno que viven es absoluta, en cuerpo y alma.  No tienen velocidad de extensión, es decir, no tienen prolongado sentido alguno, lo que nos lleva a presumir algo muy importante: que, en la medida en que el individuo incrementa la velocidad de extensión de sus sentidos, por medio de la tecnología, se desvincula del Cosmos.

            En cambio, a pesar de tener tantas cosas en contra, (Pfr. Eliade, El Chamanismo: 14) las comunidades indígenas y tribales en el orbe han sobrevivido gracias a la propia dialéctica de las hierofanías, a la propensión a repetir indefinidamente «una serie de arquetipos para volver a adoptar ad infinitum la misma paradójica sacralización de la realidad».

            El ser humano descubre que al meterse en una cueva puede hacer cosas que el tiempo afuera no le permite. Luego entonces, hace cuevas. Las habitaciones más arcaicas levantadas por el hombre circundan al fuego como principio de vida. Son circulares, emulando la forma en que los planetas giran en derredor del sol. Intuye que el fuego produce vida y que ese fuego lo comunica con Dios. Por eso mismo, la estructura de muchas habitaciones primitivas o tribales adoptan una forma geométricamente cónica; los techos apuntan al infinito y guardan la energía; no hay paso visual ni táctil; se torna a lo que los sentidos perciben (vgr. Véase Gendrop: 108, 226). La disposición del espacio refleja mejor el modelo de mundo. La comprensión o incomprensión es el límite de la comprensión de la Divinidad.

Todo está dicho en la hierofanía más elemental: la manifestación de lo sagrado en una «piedra» o en un «árbol» no es menos misteriosa ni menos digna que esa misma manifestación en un «dios». El proceso de sacralización de la realidad es el mismo: sólo difiere la forma tomada por ese proceso en la conciencia del hombre (Eliade, El Chamanismo,1946-951: 15).

El hombre occidental no ha podido someter a esos pueblos.  Son muchas las tradiciones y los horizontes culturales; lo que nos habla de otra escala de comunicación con Dios y con el entorno. La interconexión que resulta común es el respeto que se manifiesta a la Tierra, conservando la cuestión ecológica intacta.

            Mander cita a un aborigen de Alaska:

Si Usted ve a través de un lente «corporativo», nuestra relación con la tierra es incorrecta. Nosotros definimos nuestra identidad como pueblo a partir de la relación que mantenemos con la tierra y el mar. Se trata de una relación espiritual, una relación sagrada. Ello es peligroso, porque, desde el punto de vista corporativo, si quisiéramos alcanzar utilidad y crecimiento —que es la razón por la que la corporación existe— tendríamos que.... explotar esos recursos para conseguir una ganancia económica. Lo cuál, se contrapone con nuestra relación tradicional con la tierra. Éramos los mayordomos, los encargados y, solíamos tener respeto por los recursos que nos sostenían… (Mary Miller, Nome, entrevistada por Mander: 294).

Conocimiento directo
Seguramente resulta demencial para los pueblos indígenas de México el que se manifieste fervor por un Cristo que no puede verse o cuyas enseñanzas fueron y siguen siendo relatadas por individuos que no lo conocieron. Pese al sincretismo religioso, muchos de esos pueblos conocen y experimentan lo divino en forma directa. Hablan todavía con el fuego, el aire, la tierra, los animales, las plantas, las montañas, los ríos, los lagos, etc. Vivencias que —dada nuestra limitada comprensión de las cosas— solemos estudiar y tipificar como un tipo de animismo que no introduce jerarquía alguna para diferenciar las cosas que componen un mundo.

            Para esos pueblos, regresar a la función natural, es retornar a Dios; no pudiendo concebir otra cosa como motivación existencial, que la de emprender la obligada lectura de fenómenos circundantes.  Lectura que se convierte en un ejercicio cotidiano de enlaces, inserciones y correspondencias con el entorno que termina por integrar cada acción o relación a un modelo pleno de congruencia y significado.

La aparente pobreza conceptual de las culturas primitivas implica, no una incapacidad de hacer teoría, sino su pertenencia a un estilo de pensar netamente distinto del «estilo» moderno fundado sobre los esfuerzos de la especulación helénica. Ahora bien, podemos identificar, incluso entre los grupos menos evolucionados desde el punto de vista etnográfico, un conjunto de verdades integradas de manera coherente en un sistema, en una teoría. Este conjunto de verdades no constituye una Weltanschauung, sino también una ontología pragmática (diríamos incluso una soteriología), en el sentido de que con ayuda de esas «verdades» [el hombre primitivo, sic] intenta salvarse integrándose a lo real (Eliade, Tratado: 56).

Eso sí, la persona es el ser que debe desarrollarse a sí mismo al interactuar constantemente con la Naturaleza. El Maestro no existe. En tanto que la percepción de los sentidos corresponde a otro orden, sólo pueden vivenciarla quienes se encuentran inmersos en esa frecuencia de resonancia. En comunidades mesoamericanas, por ejemplo, muchas de las tradiciones orales, ritos y ceremonias más antiguos se dirigen a reverenciar precisamente al que reestablece y asegura el equilibrio de ese Orden: al viejo Dios-Fuego.

            Actividades humanas, roles y órdenes sociales, en cambio, sí están jerarquizados. Los chamanes, por ejemplo, no se dan por herencia ni por generación espontánea. El reconocimiento comunitario deviene de aquella cualidad desarrollada por una persona que alcanza plena interacción y comunicación con la Naturaleza: sólo cuando la persona es capaz de hablar con el fuego y con el resto de los elementos de la Naturaleza, puede ejercer entonces el poder del chamán.

            En otros pueblos aborígenes del orbe quizás, deidades, roles y lenguajes varíen por corresponder a hierofanías y modelos de percepción distintos, que, consecuentemente, dan advenimiento a variadas cosmovisiones. Sin embargo, la articulación religiosa con la Tierra, sus elementos naturales y los modos de interactuar con sus leyes parece ser común. No hay desviaciones, no hay desgaste, ni contradicciones en el plano real. Se cultiva una relación, una explicación y un equilibrio siempre acordes con las posibilidades que ofrece el entorno y la supervivencia de la especie. Obviamente, no hay polución, ni contaminación física o moral.
                 
El acto sólo está provisto de cierto sentido en la medida en que repite un modelo trascendente, un arquetipo. Por ello, la meta de esa repetición es asegurar la normalidad del acto, legislarlo, otorgándole así, un estatuto ontológico; pues si se hace real, es únicamente porque repite un arquetipo. Ahora bien, todas las acciones cumplidas tienen un modelo trascendente; por eso esas acciones sólo son eficaces en la medida en que son reales, ejemplares. La acción es al mismo tiempo una ceremonia (en la medida en que integra al hombre en una zona sagrada) y una inserción en lo real (Eliade, Tratado: 56).

Este acierto de comunicación con la Naturaleza, por parte de las comunidades indígenas, nos refiere un lenguaje y un aprendizaje que nosotros perdimos en el andar. Muchos de esos pueblos sabían que, al haber dominado las distintas expresiones del modelo civilizatorio no serían una alternativa viable a futuro.  Lo que ahora se confirma: esos pueblos saben que nos estamos suicidando. Estiman nuestra desconexión artificiosa y la descompostura moral de nuestras sociedades como un auto-engaño, como la locura del comportamiento.

¿Involución virtual?
Aunque hay muchos modelos de percepción, en Occidente, entronizamos un sólo modelo, razón por la cual, los alcances interpretativos y el significado de los fenómenos suelen ser muy pobres. Y esto, es fácil captarlo si se tiene la libertad de percepción o percepción ampliada.

Si entendemos por percepción, la respuesta inmediata del organismo a las energías que excitan los órganos sensoriales, toda percepción es una respuesta orgánica.  Educar la percepción, entonces, consistiría en lograr que esas respuestas inmediatas sean cada vez más objetivas, en el sentido que estén relacionadas estrechamente con el objeto de la percepción (Gutiérrez: 107).

Cabría reflexionar si vale la pena intentar hoy día la revisión de ese modelo, dado que sus sostenes —la tentativa de interpretación unívoca de los fenómenos y el control eficaz de la naturaleza— han sido ya puestos en entredicho incluso por la propia teoría del caos y los avances matemáticos en torno a los fractales:

Apenas comenzamos a entender que el caos y la imposibilidad de hacer predicciones se encuentran más profundamente enraizados en la Naturaleza de lo que jamás nos imaginamos.... La mayor parte del mundo natural no puede ajustarse fácilmente a ecuaciones lineales, pues las formas fractales —no lineales— más que excepción, constituyen la regla.... (Oliver: 172).

¿Será factible entonces cuestionar el planteamiento occidental a partir de fórmulas epistemológicas que conciban la reconexión desde un enfoque no occidental?  Y, si lo fuese, ¿que implicaría dicha revisión?  ¿Acaso sería una aberración involutiva?  A este respecto Mander nos dice: 

No negamos que todo esto requiere un ajuste considerable, pero no como si [Occidente] tuviera mucho margen de opción. Ciertamente, dicho cambio es inevitable si salud y sustentabilidad han de prevalecer. Llamar a este ajuste «volver atrás» es concebirlo con miedo y en términos negativos, cuando verdaderamente los cambios son deseables y buenos. De hecho, no es en realidad volver atrás, es sólo volver de nuevo al trayecto que solía existir, luego de una desafortunada desviación por la fantasía. En otras palabras, proseguir hacia una renovada relación con valores y principios perennes que han sido conservados vivos para la sociedad occidental, por los pueblos que hemos tratado de destruir (384).

Mander nos advierte: 

Respecto de si resulta «romántico» hacer un caso de ello, lo único que puedo decir es que son los costos los que han hecho retrotraer el caso. Lo que sí resulta romántico es pensar que la evolución tecnológica va a comportarse como reza su propia publicidad, o que, por sí misma, la tecnología va a poder liberarnos de los problemas que ha generado. Hasta aquí, las únicas personas que, como grupo, tienen bien claro este punto son los pueblos nativos, simplemente porque han conservado vivas sus raíces de conformidad con una filosofía más antigua, que, siendo alternativa y de base natural, ha probado su eficacia por varios miles de años, nutriendo dimensiones del conocimiento y de la percepción que han venido a opacarse para nosotros. Son las sociedades nativas —y no las nuestras— las que poseen la llave de la supervivencia futura (Mander: 384).

Disyuntivas
Habría que tomar las cosas con prudencia y mucha calma. Dado que ahora tenemos más elementos para comprender por qué las comunidades indígenas han sido mal-entendidas, cabría por una parte, empezar por admitir con madurez que, bajo cualquier criterio, muchas de ellas ostentan un horizonte cultural mejor integrado que el nuestro. De esta manera, a la batalla por la defensa de la otredad, podrían seguir tentativas culturales viables para preservar la diversidad de modelos tan antiguos, desentrañar con humildad su capacidad de discernimiento y los rasgos cualitativos más eficaces y transferibles para el ámbito social contemporáneo.

            Hoy, las soluciones que aplican muchos pueblos y comunidades a problemas humanos cotidianos muestran ventajas singulares sobre nuestro mundo en los más diversos ámbitos (político, económico, social, psico-social, moral, etc.). Por ejemplo, en muchos pueblos semi-nómadas mientras más pequeños son los infantes, más maduro son el espíritu y los valores comunitarios: todos los niños reciben protección de todos los adultos. A todos los varones adultos se les nombra papá y a todas las mujeres, mamá; de todos se reciben enseñanzas y cuidados. No es concebible la violencia y por ende, no hay índices delictivos o criminales significativos.

            Por supuesto, se trata de esquemas muy diferentes de aproximación a la realidad, de convivencia, de transmisión informativa y de resguardo de la especie y los recursos disponibles. Por lo que, pensar en esta vía para un mundo complejo y descentrado como el de Occidente, requeriría no sólo de un reconocimiento genuino, sino de capacidad asimilatoria y de transformación individual y colectiva muy elevadas. Qué mejor en esta línea que lo que nos dice Cohen:

La situación particular del hombre de hoy reside en el hecho singular de que las técnicas de información más poderosas y refinadas parecen confluir hacia un resurgimiento de esas fuerzas intuitivas elementales que, desde hace centurias, la civilización occidental se ha empeñado en disfrazar y restringir. Todo ocurre como si el hombre, a medida que se acerca al apogeo de su poder, se viera cada vez más obligado a reconciliarse consigo mismo y a volver a encontrar la unidad original de su inteligencia y de su instinto (119).

A este respecto, habría que ahondar en la trascendencia determinista de la disyuntiva opuesta: la exacerbada por la propia aceleración del cambio en el ámbito tecnológico del mundo contemporáneo. Lo que nos lleva a barruntar, ¿será la propia Naturaleza la que esté elevando cada vez más ese ritmo de aceleración? Y, de ser así, ¿cuál sería el impacto para un hombre completamente arrinconado, esto es, un ser sin libertad ya para elegir lo que hace?  ¿Será válido preguntarnos sobre otras opciones de salida [además de la esbozada], en el propósito de remediar el más oscuro de los escenarios?

            Mircea Eliade aseveraba, hace más de 45 años:

Los diversos tipos de civilización están orgánicamente unidos a determinadas formas religiosas, pero esto no excluye, en modo alguno, la espontaneidad y, en última instancia, la condición antihistórica de la vida religiosa.  Porque toda historia es, en cierto modo, una caída de lo sagrado: una limitación y una disminución.  Pero lo sagrado no deja de manifestarse, y en toda nueva manifestación reasume su tendencia inicial a revelarse total y plenamente [...] Esto equivale a decir que para ciertas conciencias religiosas en crisis, es siempre posible un salto histórico que les permite alcanzar posiciones de otro modo inaccesibles (Eliade, El Chamanismo: 16).

¿Qué ha sucedido entonces con los sentidos del hombre como resultado de la tecnología actual?  Sin duda, que esos sentidos se han entrenado para percibir los objetos a mayor velocidad.  Sin embargo, aún cuando tengamos un control más o menos preciso de un proceso iterativo, no podemos predecir aún sus efectos en ningún lugar o tiempo específicos. Es decir, no podemos estimar que, a consecuencia de esa habilidad desarrollada, los sentidos se encuentren preparados ya para dar el salto de una dimensión de captación a otra. 

            No obstante, la idea parece sugerente si consideramos que Nicolis y Prigogine escribirían 40 años después de Eliade lo siguiente:

Hoy, más y más científicos piensan al igual que nosotros, que muchos de los procesos fundamentales que moldean a la naturaleza son irreversibles y estocásticos; que las leyes deterministas y reversibles que describían interacciones elementales pueden no estar diciendo la historia completa. Esto conduce a una nueva visión sobre la materia, una que no es la materia pasiva descrita con el enfoque mecanicista del mundo, sino asociada a la actividad espontánea. Este cambio es tan profundo que creemos que podemos hablar realmente de un nuevo diálogo del hombre con la naturaleza.

Sólo que se llegue a un límite de tiempo, quizá sea factible comenzar a apreciar simultáneamente dos dimensiones: una, la del fenómeno aislado, otra, la de la inserción de su valor en el significante global. En otras palabras, si la velocidad no atraviesa ese umbral no será posible pasar de un estadio de percepción a otro. A menos que... todo quede en el plano de los buenos oficios:

Cuando se comienza a pensar en forma fractal, el mundo es, de hecho, un lugar muy distinto. Cada parte de ese mundo es definida no por su separación de otras partes, sino por su resonancia con una totalidad mayor. La separación se vuelve una ridícula idea cuando la identidad de uno se ve ganada por una transformación única, más que por una retirada egoísta. Tal como cada parte del cuerpo sincroniza y permea a todas las demás, mi individualidad se ve fortalecida, más que amenazada, por medio de la entrega y la cooperación. (Oliver: 220).

¿Estaremos entonces en una especie de tránsito?  Es decir, ¿en medio de un impasse, de una transformación tan profunda y acelerada que los sentidos se hayan visto forzados a replegarse ante los propios estímulos tecnológicos?  Como en el caso de la computadora, donde resulta notorio que el hombre deja de invertir tiempo para usarla mejor. En esa línea de pensamiento, debemos interpretar entonces que el ser humano —que se encuentra inmerso en un proceso de cambio rapidísimo— anula parte de su conciencia a efecto de lograr respiros que le permitan sobrellevar incrementos mayores de velocidad impuestos por la vida cotidiana.

            Ésta, sería la otra vertiente que, apenas insinuada, quisimos que nos moviera a la reflexión. No obstante que pudiera pensarse que sus efectos contradicen o extrapolan algunos de los argumentos del planteamiento hecho a lo largo de la indagación, desde nuestra perspectiva, más bien, lo conjugan. En última instancia, todas las posibles respuestas derivadas de ambos cauces o vías -en torno a aliviar la angustia existencial, la pérdida del sentido y los valores del hombre posmoderno- denotan la trayectoria de un cambio que terminará por cerrar la pinza al buscar una misma finalidad. El proceso está aquí, no se ha detenido y, como parece, cada vez será más rápido.

 

La versión castellana de este ensayo es inédita. Parte de su contenido fue publicado en inglés bajo el título “Aboriginal Cultures and Technocratic Culture: Two Ways of Relating to Reality”, en Essays in Philosophy, A Biannual Journal of Humboldt State University, Vol.6 N° 1, January, 2005, y en italiano, bajo el título “Culture Tradizionali e Culture Tecnocratiche: Due Aprocci alla Realitá” en Yogic Journal, Notizie e Ricerche, (Spiritualitá, Yoga e Filosofia, Italia), febrero, 2006.

In the later stages of an epic worldwide struggle, the forces of Western economic development are assaulting the remaining native peoples of the planet, whose presence obstructs their progress.  In some places the assault is violent; elsewhere, as here in the United States, it is legalistic.  Given the lack of public awareness and the misreporting by the media, a "final solution" for the native problem is deemed likely.  Upon the ultimate outcome of this battle will depend whether a living alternative world view, rooted in an ancient connection with the Earth, can continue to express what is insane and suicidal about the Western technological project. [, Jerry Mander, In the Absence of the Sacred; The Failure of Technology & the Survival of the Indian Nations, (Sierra Club Books, San Francisco), c1992, p. 263].

The public is uninvolved; there are no forums for argument.  No pros and cons.  No referenda...By the time the alarm finally goes off, technologies have intertwined with one another to create yet another generation of machines, which makes unraveling them near to impossible, even if society had the will to do it.....We continue to view them as if they were separate, discrete systems, but they aren't.  Computers are at the base of them all, and also plug them into one another and into central systems of management and institutional control, made larger than ever before possible.  In fact, the whole complex web of systems ought properly to be thought of as one tecnology that effectively encircles the globe, and that can instantaneously communicate with all its parts.  Rather than a biosphere, we have a technosphere.  Call it megatechnology  (Jerry, Mander, op.cit.p.189).

As a society we have been slow learners, but there is an emerging awareness that we may have been led down the garden path by false advertising toward a fantasy world, created by romantics who had an economic stake in our accepting their dream (Jerry, Mander, ibíd. p. 190).

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