EL MITO DIVINO Y HUMANO DE QUETZALCÓATL

Luis Medina Gutiérrez

Ser habitante de Tula era formar parte del imperio más antiguo del área noroeste de Mesoamérica y de la cultura más elevada. Ser tolteca significaba ser artista. También fueron médicos, especialistas en la herbolaria; descubridores de las piedras preciosas, mineros que conocían la esmeralda y la turquesa fina. Estudiaron los astros, le dieron días al año, sabían la diferencia de tiempos y conocían el arte de interpretar los sueños. Eran pulcros en su vestir y la mayoría de las crónicas coincide en su fortaleza atlética:
Y eran altos, de más cuerpo que los que ahora viven, y por ser tan altos corrían y atrancaban mucho, por lo cual les llamaban tlaquancemilliuiqui, que quiere decir, que corrían un día entero sin descansar. (León Portilla, 1995: 67)

La celebridad de Quetzalcóatl sobrepasó los cuadros de su antigua capital. Su acentuado código de ética y amor por las ciencias, las artes y sus gobernados, lo hacen ser el personaje central de la historia mesoamericana:
…así como nuestra era comienza con Cristo, la de los aztecas se abrió -aproximadamente en la misma época- con Quetzalcóatl. Su imagen -la serpiente emplumada- poseyó para los pueblos precolombinos la misma fuerza de evocación que el Crucifijo para la Cristiandad. (Séjourne, 1984: 32)

            Educado en el credo religioso de sus abuelos maternos, hereda el culto del antiguo dios Quetzalcóatl, adorado en Teotihuacán, primer centro religioso de la serpiente emplumada; esta religión la impone a la tolteca cuando sucede a su padre en el trono. El príncipe toma el nombre de su dios único, también conocido como el Yohuali, Ehécatl, "el que es como la noche y el viento"; al que ofrendaba sacrificios incruentos.
La aparición de una casta guerrera y la influencia de tres hechiceros partidarios de los sacrificios humanos, provocaron el fin del reinado de Quetzalcóatl y el surgimiento de un gobierno autoritario con Huémac. El poder de estos nigromantes era devastador y continuaron siendo temidos en el imperio azteca:
Conocidos genéricamente como tlacatecólotl 'hombres búho'. Los nahuas tenían varios tipos de hechiceros, entre ellos los que se convertían en nahuales a través de los cuales podían llegar a matar a sus víctimas. También se podían hacer invisibles con ayuda de ciertos fetiches, como en el caso de los mexicas, que utilizaban el brazo de una mujer muerta en el parto, para poder entrar a una casa a robar y a violar a las mujeres sin ser notados. Los hechiceros, a diferencia de los curanderos, eran mal vistos y podían ser, incluso, condenados a muerte. (González Torres, 1991: 79)

            El erudito Ángel Ma. Garibay sostiene que uno de  los textos más logrados sobre esta parte se encuentra en el Manuscrito de Cuauhtitlán que presenta además, la oposición de Quetzalcóatl a realizar sacrificios humanos, con lo que se gana la intriga de tres magos, el primero llamado Espejo Resplandeciente; el segundo, Sartal de Plumas Finas; y el tercero, Artífice. El nombre de cada mago corresponde metafóricamente a su accionar. Tezcatlipoca utiliza el espejo resplandeciente para que el sacerdote tolteca conozca por primera vez su cuerpo desprovisto de vanidad, y vea su carne avejentada. El espejo que le fue mostrado a Quetzalcóatl, tal vez haya sido de obsidiana, piedra vitrosa de color negro, arma favorita de Tezcatlipoca que también era utilizado con fines adivinatorios. Y para consolidar la treta, Ihuimecatl, Sartal de plumas finas, engalana con indumentarias, plumas bellas y pinturas la vetustez del rey sacerdote. Le da la vanidad.
            Enseguida, después de haber depositado la belleza efímera en el asceta, Toltécatl, Artífice, dispone de un gran banquete con bebidas embriagantes; corrompido su espíritu, Quetzalcóatl, tiene relaciones incestuosas con su hermana Quetzalpélatl. El estado de zozobra en que cae Quetzalcóatl finalmente, no era por el castigo que se tenía que imponer como sacerdote (1); sino la violación que había hecho a su imagen, a la altura del antiguo dios del cual llevaba su nombre y que, para muchos toltecas les era difícil distinguir la parte humana de su gobernante, modelo de virtud y perfección.
            En adelante, lo que se anuncia en el antiguo texto es la caída y exilio del viejo soberano, donde aparece el inicio de la tragedia del héroe mítico que hará leyenda. Quetzalcóatl anuncia su salida de Tula; antes de abandonar la próspera ciudad, yace durante cuatro días en un cofre de piedra, y al ver mermada su salud, abandona para siempre su reino y lo que fue alegría, hacienda, abundancia, lo guarda en su baño, lugar que desde entonces tiene por nombre: "En la ribera del agua, en el musgo acuático". El sacerdote se desprende de sus riquezas. Antes de partir, destruye las bellas artesanías que magnificaban su figura y reino. Una gran parte de la población tolteca lo acompaña en su éxodo, muchos de ellos se dispersan y dejan notable influencia en las tierras donde se les da refugio.
            En el transcurso de su destierro va dejando señales: en las quebradas y barrancos se deshace de sus piedras preciosas; sustituye las plantas aromáticas, como el cacao, por zarzales o acacias; busca los lugares baldíos, las tierras infértiles, los páramos, en vez del lujo y la belleza de los jardines; sus lágrimas derramadas por el reino perdido son granizo que perfora la tierra y los montículos:
Entonces fija la vista en Tula y al momento se pone a llorar:
como sollozando llora, dos torrentes de granizo escurren:
su llanto que en su faz se desliza; su llanto con que
gota a gota viene a perforar las piedras... (Garibay K., 1953: 316)

            En un árbol se ve a sí mismo, al que agrede con piedras que se incrustan en la corteza; desde entonces se le conoce como "Árbol de la Vejez". En Temacpalco reposa su cuerpo en una piedra dejando huellas de sus manos y posaderas. En el camino encuentra un sitio con abundante agua y para atravesarlo, Quetzalcóatl desgaja una roca y construye un puente que se le conoce como "Puente de Piedra".
            El lugar donde se le vuelven a aparecer los magos que lo obligan a renunciar a todo y a corromperse por segunda vez se llama "Agua de serpientes"; y donde arroja sus últimas joyas se llama "Agua de Ricos Joyeles". Víctima de la embriaguez, Quetzalcóatl duerme profundamente, sus ronquidos se escuchan lejos, desde entonces el lugar se llama "Donde Duermen".
            Siguiendo su peregrinar, en la cima del Monte Humeante y la Mujer Blanca, mueren congelados los bufones, tullidos y enanos, miembros de la corte del rey tolteca. De Olmos cuenta las estaciones del exilio y su duración: primero en Tenayuca en una breve estancia, después a Culhuacán, donde permaneció mucho tiempo. Atravesó la sierra y en Quauhquechula (cerca de Huexotzinco) levantó un templo y un altar, allí permaneció doscientos noventa años -según J. Lafaye: duración mítica-; en Cholula permanece ciento sesenta años donde le construyen el famoso templo, obra de gigantes; en Cempoala su estadía es de doscientos sesenta años.
            La Montaña Matizada y el Lugar del Color Rojo, anuncian el fin de su exilio. Siempre acompañado de las aves de polícromos plumajes, como el quetzal de verde reluciente, la roja guacamaya y el azul zorzal, llega hasta la orilla de los mares a culminar su destino. En un barco hecho de serpientes, Quetzalcóatl vestido con los más bellos ropajes y rejuvenecido, parte mar adentro (2), preparado para su autosacrificio: enciende una hoguera y se lanza a ella. Sus cenizas fluyen con el viento y su corazón intacto se eleva al cielo, convirtiéndose en la estrella de la mañana. Según Garibay K., Sahagún no describe estos hechos en su Historia General de las cosas de Nueva España, que en cambio sí se encuentran en el manuscrito de Cuauhtitlán:
Cuando llegó a la orilla del mar divino,
al borde del luminoso océano, se detuvo, lloró.
Tomó sus aderezos y se los fue revistiendo,
su atavío de plumas de quetzal, su máscara de turquesas.
Y cuando estuvo aderezado, él por sí mismo se prendió fuego,
y se encendió en llamas: es por esta razón llamado
el Quemadero, donde fué a arder Quetzalcoatl.
            Y es fama que cuando ardió, y se alzaron ya sus cenizas,
también se dejaron ver y vinieron a contemplarlo
todas las aves de bello plumaje que se elevan y ven el cielo:
la guacamaya de rojas plumas, el azulejo, el tordo fino,
el luciente pájaro blanco, los loros y los papagayos
de amarillo plumaje y, en suma, toda ave de rica pluma.
            Cuando cesaron de arder las cenizas
ya a la altura sube el corazón de Quetzalcoatl.
Lo miran y, según dicen, fué a ser llevado al cielo
y en él entró. Los viejos dicen que se mudó en lucero del alba.
el que aparece cuando la aurora. Vino entonces,
apareció entonces cuando la muerte de Quetzalcoatl.
Esta es la causa de que lo llaman El que domina en la Aurora.
            Y dicen más, que cuando su muerte, por cuatro días sólo
no fue visto, fué cuando al Reino de la Muerte fué a vivir,
y en esos cuatro días adquirió dardos y, ocho días más tarde,
vino a aparecer como magna estrella. Y es fama que hasta entonces,
se instaló para reinar. (Garibay K., 1953: 317)

            La transformación del sacerdote hombre en héroe y posterior divinidad, ha venido a causar confusión, pero ésta es el elemento literario, no el hallazgo histórico. Esta diversidad del perfil del personaje enriquece la trama del poema, lo exalta, como la metáfora que es imagen de la confusión. No hay límite, la imaginación es infinita; la trascendencia de la leyenda es mayor gracias a estos elementos increíbles que la hacen inolvidable y fascinante. El asombro y la palabra transmutan la realidad.

 

 

NOTAS

  1. Las penitencias para los que incurrían en el placer de las carnalidades era el ayuno durante cuatro días, y que se atravesaran la lengua con una espina de maguey; posteriormente debían pasar por el agujero creado por la espina, un gran número de pajas o mimbres que ritualmente arrojaban hacia atrás de la espalda.
  2. El Tlillan Tlapallan es el lugar mítico hacia donde marcó su destino Quetzalcóatl, su nombre significa "en donde está el color negro y el rojo"; también se le ha interpretado como una región de sabiduría, los nahuas la ubican al Este, más allá del mar.

 

 

GARIBAY K., Ángel María (1953). Historia de la Literatura Náhuatl, México, Biblioteca Porrúa.
GONZÁLEZ TORRES, Yolotl (1991). Diccionario de Mitología y Religión de Mesoamérica, México, Ediciones Larousse, Colección Referencias.
LEÓN PORTILLA, Miguel (1995), De Teotihuacán a los Aztecas. Antología de fuentes e interpretaciones históricas. México, Universidad Nacional Autónoma de México, Lecturas Universitarias 11.
SÉJOURNE, Laurette (1984), Pensamiento y religión en el México antiguo. México, Fondo de Cultura Económica / Secretaría de Educación Pública, Lecturas Mexicanas 30.