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El Ánima de Sayula en los testamentos del mal humor

Primera parte

Clara Cisneros
Departamento de Estudios Literarios
Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades
Universidad de Guadalajara

 

 

1. Antecedentes

A fines del Siglo XIX, en Zamora Michoacán, el abogado Teófilo Pedroza terminó de escribir un poema narrativo de versos octosílabos al que tituló, El Ánima de Sayula. La inspiración de Pedroza, fue una ingeniosa broma que años antes un boticario, un abogado y un peluquero le jugaron a un tal Apolonio Aguilar, en la población de Sayula Jalisco.
            La broma se urdió en la botica que atendía Blas Mejía Granados, mejor conocido como Blasito, ubicada en el número 5 del Portal Allende, frente a la Plaza de Armas, en Sayula. Así, Blasito, el abogado Joaquín Camberos Vizcaíno y el peluquero José Arreola, tramaron la broma que consistió en convencer a Apolonio, de que en el Panteón de la Soledad, al sonar las doce campanadas de la media noche, salía a rondar un ánima en pena que ofrecía un tesoro al valiente con quien pudiera entenderse.  La información que omitieron los bromistas fue que el aparecido era homosexual, y que “el tesoro” referido, era una forma metafórica de referirse a los  genitales, en este caso del fantasma.
            Años más tarde, Fernando Pedroza, hijo del autor de los versos narró a un amigo lo siguiente:
Ahí, en Sayula, inició las primeras cuartetas de su famosa Ánima, pues al buenazo de Apolonio –que sí existió- los sayulenses vaciladores le urdieron e hicieron la broma en cuestión y su compadre José fue quien lo indujo a ir al panteón en busca de la plata y él mismo la hizo de ánima y que luego huyó cuando Apolonio echó mano al cuchillo.
           
En tanto a la identidad de Apolonio Aguilar, hay al menos dos versiones que circulan entre los habitantes de Sayula. La primera, la más aceptada por la población, apoya la hipótesis de la existencia de un tal Apolonio Aguilar. Con el fin de fundamentar dicha hipótesis, se puede recurrir a las investigaciones que el cronista de la ciudad Federico Munguía Cárdenas ha realizado al respecto, en charlas sostenidas con él me comentó lo siguiente: ”El nombre de Apolonio, fue muy socorrido en el siglo XIX –dijo Munguía Cárdenas- , de hecho en los registros parroquiales se encuentran dos individuos con ese nombre y apellido.” Así que, se puede pensar, que efectivamente uno de esos individuos de nombre Apolonio Aguilar, pudo haber sido el blanco de la broma.
            La otra versión involucra a un rico y próspero comerciante el señor Clemente Aguilar, quien poseía una gran tienda en la esquina del portal Libertad y la avenida Independencia, tienda que al cambiar su residencia a Guadalajara le dejo a Espiridión Larios, su empleado de confianza a manera de indemnización. Al parecer, en dicho almacén el señor Aguilar vendía entre otras cosas una gran variedad de telas y prendas de vestir, que en lenguaje familiar se les conoce como “trapos”, es decir el señor Aguilar era un vendedor de trapos, un trapero. Con el fin de ridiculizarlo, Blasito y sus secuaces lo involucran en esta broma un tanto carnavalesca, al despojar a su victima de la dignidad que su estatus social le confiere, para enmascararlo y convertirlo en un trapero callejero. Aunque no es la versión más aceptada, no deja de tener un gran interés, sobre todo por el derrocamiento bufonesco al que se somete al individuo en cuestión.
En tanto al creador de los versos que inmortaliza la broma, el abogado michoacano Teófilo Pedroza, se cree que a fines del siglo XIX, se encontraba en Sayula contratado por el municipio y así fue como se enteró de la broma e inició su famoso poema del cual se conocen varias versiones, la más completa comprende cincuenta y nueve cuartetas. Años más tarde regresó a Zamora, en donde en 1897, retoma su poema y lo concluye en un lugar conocido como el rancho o la haciendita El ratón. El doctor Raúl Arreola Cortés, en su obra La poesía en Michoacán afirma refiriéndose a Teofilo Pedroza: “…También era amigo de Margarito García propietario del rancho El Ratón, lugar donde Pedroza escribió El ánima de Sayula en el año de 1897.”
Coincide en señalar 1897 como el año de creación, el cronista de la ciudad de Zamora don Francisco Elizalde, quien afirma: “Se sabe que a su regreso de Sayula, el licenciado Pedroza, comenzó a redactar los famosos versos de El ánima de Sayula que estrenó en 1897 en una tertulia organizada por don Perfecto Méndez Padilla, en un lugar conocido como la haciendita El Ratón.”
Esta es sin duda la primera creación literaria de la región en la que se abordó abiertamente la temática homosexual en los últimos años del siglo XIX. En los versos se narran las peripecias de un pobre individuo de nombre Apolonio Aguilar  quien cansado de una vida de miseria y bajo la influencia de su compadre José, decide cierta noche acudir al panteón para enfrentarse con una ánima en pena. De esta aparición esperaba Apolonio obtener favores económicos que lo sacaran de su miseria. Con lo que no contaba este personaje, es que la dichosa ánima le resultaría homosexual, y que a su vez, solicitaría del protagonista ciertos “favorcillos”que constan en el texto:

El favor que yo te pido
es un favor muy sencillo,
que me prestes el fundillo
tras del que ando tiempo ha.

 

            Estos polémicos versos circularon con carácter anónimo por casi todo el siglo XX. Al respecto, Raúl Arreola Cortes señala lo siguiente:

Uno de los poemas populares más importantes de nuestro país es, sin lugar a dudas, EL ÁNIMA DE SAYULA, poema picaresco anónimo, divulgado y conocido a través de versiones manuscritas que circulaban muy en secreto desde la primera década de nuestro siglo. El sigilo con que se trasmitía esta obra, obedecía a la idiosincrasia de una época y al criterio pacato de quienes en público la condenaban y en privado se reían de buena gana con la aventura del trapero Apolonio Aguilar.  

 

Sin duda, el carácter anónimo y secreto de El ánima de Sayula, en sus inicios obedeció a la doble moral, muy arraigada todavía en algunos sectores de la sociedad mexicana. Pero no hay que olvidar otros factores, como la estructura del poema a partir de versos octosílabos, que facilita la memorización y difusión del mismo, por lo que se conocen diferentes versiones en las que se pueden apreciar omisiones o cambios propios en la difusión oral.
            Si bien, pese a la polémica que despertó El ánima de Sayula, en Zamora, alcanzó los elogios hasta de un Obispo; por su parte en Sayula, el poema fue conocido treinta años después de urdida la broma que le dio origen. El 12 de diciembre de 1924 arribó a Sayula, procedente de Zamora Michoacán, el 38° Regimiento de Caballería, comandado por el entonces Coronel Manuel Ávila Camacho. Al ser notificados los oficiales de su cambio a Sayula y siendo tan famosos los versos de El ánima de Sayula en Zamora, éstos se hicieron de un buen número de cuadernitos que en cuanto se instalaron en Sayula hicieron circular entre los pobladores, provocando el rechazo contundente y la respuesta agresiva por parte de algunos ofendidos habitantes, sobre todo por el cuarteto que dice: “Buena fortuna me hallé/ en esta tierra de brutos,/ donde los muertos son putos / ¿Qué garantías tengo yo?” Algunos de los “ofendidos” salieron en defensa de “su buena reputación de machos” aún hasta con la vida, según hace constar don Federico Munguía:
 
[…] Los oficiales trajeron los primeros cuadernitos que, al circular, indignaron a los sayulenses ocasionándose riñas y hasta uno que otro muerto, siendo vistos con repudio, aunque siempre leídos y aún aprendidos de memoria principalmente por la gente joven.

Recordemos que en Zamora, Teófilo hizo publicar los versos con carácter anónimo, por lo que es muy probable que si bien el propietario de algún original, conociera el nombre del autor, a la vuelta de tres copias éste dato simplemente dejaba de existir. Así, con carácter anónimo llegó o quizá deba decir regresó, El ánima de Sayula, a la tierra que le dio origen a partir de una broma.  El anonimato se conservó en las copias, que clandestinamente comenzaron a circular sobre todo entre los jóvenes lugareños. Con el correr de los años, en el olvido quedó, para el pueblo de Sayula, el nombre de Teófilo Pedroza, hasta que en 1976, don Federico Munguía publicó un estudio al respecto en su obra La Provincia de Ávalos, en la que señala:

En la segunda edición de este libro que vio la luz en 1988, afirmábamos que estos populares versos habían sido realizados por el pòeta michoacano Teofilo Pedroza, basándonos en un libro titulado Tanhuato (Morelia 1982), cuyo autor al parecer fue el maestro Daniel Mora Ramos […]¨
   Sin embargo, nos faltó otro investigador, el ingeniero Alfredo (sic) Jiménez, autor de los libros Picardía mexicana que, en dos ocasiones había visitado al autor de este libro requiriendo mayores datos sobre el autor de El ánima…, con la intención de realizar una edición de lujo de los versos y su autor […]
   La versión sobre la vida de Pedroza, en gran parte coincide con la que proporciona Tanhuato, y deben haber sido tomadas de las mismas fuentes, aunque históricamente merece mayor crédito Jiménez que, entre otros aspectos, proporciona datos al parecer verídicos sobre el personaje en cuestión…

Se requirió el paso de los años y el advenimiento de nuevas generaciones, para que los versos ganaran adeptos, sobre todo entre la gente joven que los memorizaba y recitaba.  Pero considero que un factor determinante para la aceptación del poema en Sayula fue su relación con las fiestas del carnaval. El hecho es que a fines de los años treinta, el Ánima se involucra con una de las festividades más importantes de la población: el carnaval, fiesta popular de orígenes europeos pero que en Sayula ha cobrado rasgos muy particulares. En su libro Memoria Gráfica de Carnaval en Sayula, Jalisco 1917-1969, el señor Federico Munguía, realiza una excelente crónica de lo que ha sido el carnaval en Sayula; en esta crónica encontramos que el ya tradicional entierro del Mal Humor se celebró por primera vez en 1937, siendo presidente del comité el señor Federico L. González.
 La primera particularidad sobre el famoso “entierro del Mal Humor” en Sayula, es que no es un entierro, sino más bien una cremación. Después podemos destacar que se trata de un singular acontecimiento con características carnavalescas, estas según el análisis bajtiniano tienden sobre todo a resaltar la renovación y las cosas al revés:

Esta visión opuesta a todo lo previsto y perfecto, a toda pretensión de inmutabilidad y eternidad, necesitaba manifestarse con unas formas de expresión dinámicas y cambiantes (proteicas) fluctuantes y activas. De allí que todas las formas y símbolos de la lengua carnavalesca, estén impregnadas del lirismo de la sucesión y la renovación, de la gozosa comprensión de la relatividad de las verdades y las autoridades dominantes. Se caracteriza principalmente por la lógica original de las cosas « al revés» y «contradictorias», de las permutaciones constantes de lo alto y lo bajo (la «rueda») del frente y el revés, y por las diversas formas   de parodias, inversiones, degradaciones, profanaciones, coronamientos y derrocamientos bufonescos. (Las cursivas son mías).

Por lo tanto, podríamos decir que a partir de un funeral simbólico en el cual se prende fuego a un féretro, se prepara el ánimo de los participantes, es decir que efectivamente se presenta esa renovación a la que se refiere Bajtin por medio de la participación del fuego como símbolo purificador y regenerador. Pero en Sayula, no sólo se lleva a cabo el entierro del Mal Humor, sino que éste, encarnado en la figura del protagonista de los versos de Teófilo Pedroza, es decir Apolonio Aguilar, deja un testamento a los pobladores. En este testamento, se encuentran presentes esas formas a las que alude Bajtin, me refiero por sobre todo, a la parodia, la inversión y degradación, presentes como se constatará más adelante en los famosos testamentos del Mal Humor-Apolonio Aguilar.
Por último y para concluir este punto, podríamos afirmar que a partir de la ocurrencia de algún sayulense con gran sentido del humor que redacta por primera vez y en forma anónima una parodia de testamento, y se las arregla para que a éste se le dé lectura en la plaza pública, una vez terminado el “entierro del Mal Humor”. Esta parodia de testamento será firmada por Apolonio Aguilar, por lo que considero que es en este momento, cuando El Ánima de Sayula hace su debut en sociedad y adquiere carta de ciudadanía al quedar plenamente aceptado, identificado y fusionado con la festividad del carnaval.

2. El Ánima de Sayula y su relación con el entierro del Mal Humor
Como ya se mencionó en el apartado anterior, en el carnaval de 1937 se organizó por vez primera el simbólico entierro del Mal Humor, con la finalidad de preparar el ánimo de los pobladores, quienes horas más tarde y por cuatro días consecutivos se entregan al goce y disfrute de los festejos del carnaval.
            El peculiar sepelio es protagonizado por los estudiantes de secundaria y preparatoria del pueblo que debidamente disfrazados y travestidos  forman “el cortejo fúnebre del Mal Humor”. Este, por lo general es encabezado por dos o cuatro “momias” que portan el ataúd, seguidos por todos “los dolientes”: travestís o disfrazados que representan a personajes históricos o de la política ridiculizados. Los participantes en medio de una gran algarabía, sueltan a su paso, involucrando en el juego al pueblo, buscapiés, palomitas, cohetes y demás juegos pirotécnicos; todo esto mientras recorren las principales calles de la ciudad hasta llegar a la Plaza de Armas en donde se incinera con todo y ataúd el Mal Humor. Momentos después el acto culmina con la lectura pública de la parodia del “testamento” de Apolonio Aguilar, personaje protagonista de los versos de Teófilo Pedroza y, desde hace más de cincuenta años, reencarnación popular y sayulense del Mal Humor.

                                   En esta ciudad famosa
                                   de mi compadre José,
                                   con su gente valerosa
                                   que hasta los fantasmas ve;
                                   es costumbre en carnaval
                                   y se toma con fervor,
                                   para no sentirnos mal
                                   enterrar el Mal Humor.

 

   En el fragmento anterior, encontramos la referencia al compadre José, personaje de los versos de El Ánima de Sayula, también uno de los que planearon la broma en la que se inspirara Pedroza para la realización de sus versos en los que aparece en el cuarteto diez y siete que dice:
Eso lo aseguran todos,
y mi compadre José
me ha jurado por su fe
que también al muerto vio.

 

Más adelante, en el cuarteto cuarenta y ocho, de nuevo hay una referencia al compadre José:

Yo no sé lo que me pasa,
pues ignoro con quién hablo,
este cabrón es el Diablo
o mi compadre José.

 

            Si bien, el entierro del Mal Humor no es una ceremonia privativa del carnaval de Sayula, las características que ésta ha generado a lo largo de su existencia  sí son distintivas de la localidad.
Primero, tenemos que El Mal Humor se materializa encarnado en el personaje de Apolonio Aguilar:

Es costumbre año tras año,
cuando el carnaval se asoma,
hacer en Sayula broma
y matar sin hacer daño.

Y para mejor rimar,
de las bromas al calor,
sale Apolonio Aguilar
y las chicas de Amador.

 

En este sentido podemos decir que se establece un vínculo con el texto de Teófilo Pedroza, y que los versos de los testamentos del Mal Humor son de alguna manera “escuela” del poema de Pedroza. Pero conviene señalar que en los textos del “Testamento” del Mal Humor se reafirma un carácter localista que limita la comprensión total de la broma al entorno. Por ejemplo, en los versos arriba citados, “sale Apolonio Aguilar/ y las chicas de Amador.” Aunque Apolonio Aguilar es ya un personaje bastante conocido, es producto de un entorno regional que aún no se ha universalizado; en tanto a las chicas de Amador, se refiere a las mujeres que trabajaban en el prostíbulo que regenteaba Amador Serrano, todo un personaje local muy conocido en el pueblo.
Segundo, el hecho de contar con un texto anónimo y escrito en verso, que recoge el sentir popular de la localidad con respecto a individuos, situaciones y diversas manifestaciones de la vida cotidiana, sin duda permite establecer un nexo entre la historia de la cultura regional, la de la vida cotidiana y la literatura popular que recoge ese sentir del pueblo.
Tercero, al tratarse en este caso de una parodia de testamento (en la que el Mal Humor-Apolonio Aguilar dispone la repartición de sus bienes, consejos y sentencias entre sus “hijos predilectos”), pone en evidencia las formas y símbolos de la lengua carnavalesca a la que se refiere Bajtin. La presencia de estos testamentos además expone ante la población, principalmente a las clases privilegiadas y a las autoridades tanto civiles como militares a degradaciones y derrocamientos bufonescos con los cuales el pueblo se divierte. Un ejemplo interesante son los versos dedicados al presidente municipal en la primera página del testamento de 1979:

A señor tan rete-bruto,
necio más que una mula
le dejo por estatuto
El ánima de Sayula

[…]

Ya por último le dejo
un manual de urbanidad;
que le cure lo pendejo;
y también su terquedad.

 Estos rasgos peculiares le otorgan al entierro del Mal Humor en Sayula, particularidades eminentemente regionalistas que lo distinguen de festejos similares que preludian otros carnavales. Estas características, paradójicamente, por una parte distinguen la tradición y despiertan la curiosidad de aquellos ajenos a la comunidad; mas por la otra, al tratarse de degradaciones aplicadas a individuos conocidos sólo en el ámbito local, y en un momento histórico determinado, se reduce el interés a los residentes de la región, que conocen tanto al individuo como el contexto que refiere a través de la lengua carnavalesca (parodia, degradación, inversión, profanación, derrocamiento etc.), o bien a los estudiosos del tema. Así, los testamentos redactados para las festividades del carnaval de 1962, es difícil que sean entendidos por las generaciones que no vivieron en esta época en la localidad y desconocen el contexto en el que se desarrolló la anécdota que origina el “testamento”. En el caso anterior aún los nacidos en 1950, no entienden la totalidad del “testamento” de 1962, por lo tanto podríamos decir que la comprensión del significado de estos textos, estará sujeta tanto al espacio (local), al tiempo (generacional) y a la vinculación con las circunstancias históricas, sociales, políticas y culturales.

3. Los testamentos del Mal Humor o la herencia de Apolonio Aguilar
 El testamento (l. testamentum), de acuerdo con el diccionario Asuri de la lengua española es la “Declaración que de su última voluntad hace una persona, disponiendo de bienes y de asuntos que le atañen para después de su muerte.” Otra acepción del mismo término se refiere al “documento donde consta en forma legal la voluntad del testador”.
            Por su parte el diccionario de uso del español de María Moliner señala: “es la manifestación hecha por alguien de lo que desea que sea hecho después de su muerte con las cosas que le pertenecen o le afectan.“
            Tratándose del “testamento” del Mal Humor, primero se debe subrayar que se trata de una parodia de las dos acepciones del término. En tanto que entendemos como parodia la repetición de un modelo, en este caso el testamento oficial y/o notarial, en el que se introducen diferencias que cambian el tono del texto por lo general de solemne a familiar e incluso cómico, como corresponde al rito carnavalesco. Este género de literatura popular tiene sus raíces  en la Edad Media:

La literatura cómica medieval se desarrolló durante todo un milenio y aún más, si consideramos que sus comienzos de remontan a la antigüedad cristiana. Durante este largo periodo, esta literatura sufrió cambios muy importantes (menos sensibles en la literatura en lengua latina). Surgieron géneros diversos y variaciones estilísticas. A pesar de todas las diferencias de época y género, esta literatura sigue siendo –en diversa proporción- la expresión de la cosmovisión popular y carnavalesca, y sigue empleando en consecuencia la lengua de sus formas y sus símbolos.
            La literatura latina paródica o semi-paródica. está enormemente difundida […] Se escribieron testamentos paródicos, resoluciones que parodiaban los concilios, etc. Este nuevo género literario casi infinito, estaba consagrado por la tradición y tolerado en cierta medida por la Iglesia.

 
Quedan aclarada pues, las antiguas raíces de la parodia de documentos eclesiásticos y oficiales con fines cómicos relacionados con el rito carnavalesco. Mas será en el apartado siguiente en el cual se definirá con mayor amplitud el concepto de parodia.

3.1 Los testamentos como parodia
                                                                       Mamá yo quiero saber
                                                                                              de dónde son las parodias.
                                                                                              Yo las quiero, tú las odias.
                                                                                              ¿De dónde serán?

                                                                                              Guillermo Cabrera Infante

 

Considero que para iniciar este apartado es preciso definir el término parodia. De acuerdo con El Diccionario griego-español de Sopena, Παρωδία, ας es la imitación burlesca de un canto lírico. El vocablo se compone de Παρ forma apocopada que adopta la preposición Παρά que con el acusativo (es el caso) significa, hacia, al lado de, a lo largo de, por, más allá de y contra. Así, al entrar en combinación παρά con el término ώδή, ής, canto, canción, oda, poesía lírica, forma la palabra Παρωδία cuyo significado será contra oda, contra canto, contra canción, entre otras acepciones.
            Aristóteles en su obra Περί Ποιητικής asigna la creación del género paródico a Heguemón o Igemón de Tasos, “Ήγήμων δέ Θάσιος τάς παρωδίας ποιήσας πρώτος…” “Heguemón de Tasos, primer poeta de parodias…”
            Por su parte el diccionario Asuri consigna varias acepciones del término, entre las cuales están: “Imitación burlesca, escrita las más de las veces en verso, de una obra seria de literatura.” También señala como parodia, “Cualquier imitación burlesca de una cosa seria.” Martín Alonso, en la Enciclopedia del idioma, coincide exactamente con la definición expuesta en Asuri.
            Beristáin, profesora investigadora del departamento de filología de la UNAM, define la parodia como la “Imitación burlesca de una obra, un estilo, un género, un tema, tratados antes con seriedad.” Por lo anterior, podemos decir que en términos generales se entiende por parodia la estrategia literaria que busca mofarse de la obra imitada. Pero en la búsqueda de un sentido más amplio, en el Diccionario de retórica, crítica y terminología literaria, encontramos que:

[…] se produce la parodia cuando la imitación consciente y voluntaria de un texto, de un personaje, de un motivo se hace de forma irónica, para poner de relieve el alejamiento del modelo y su volteo crítico. En términos lingüísticos la parodia comporta siempre una transcodificación.

            Por lo tanto, podemos destacar que la ironía participa en el discurso paródico como una estrategia literaria, misma que permite al lector o receptor interpretar y destacar la diferencia entre los textos. Pero aquí cabe destacar el objetivo que “es poner de relieve el alejamiento del modelo y su volteo crítico”. Esto sin duda nos remite por fuerza a los estudios de la lengua carnavalesca de Bajtin, quién en la búsqueda de las formas y símbolos con que la cultura popular construyó dicha lengua encuentra que ésta basa su lógica en el mundo de las cosas al revés.  Así señala:

La segunda vida, el segundo mundo de la cultura popular se construye en cierto modo como parodia de la vida ordinaria, como un «mundo al revés». Es preciso señalar sin embargo que la parodia carnavalesca está muy alejada de la parodia moderna puramente negativa y formal; en efecto, al negar, aquélla resucita y renueva a la vez. (Las cursivas son mías).


  Telésforo Mirón (Daniel Mora Ramos) Tanhuato, anecdotario bohemio y humorístico, Morelia, Editado por el Gobierno del Estado de Michoacán, 1982, p.167.

Hasta el día de hoy no he encontrado documentos que certifiquen que Apolonio Aguilar, fue una persona a la que jugaron la broma, aunque en los registros parroquiales aparecen dos individuos de nombre Apolonio Aguilar que vivieron durante la segunda mitad del siglo XIX en Sayula.

Raúl Arreola Cortés. La Poesía en Michoacán, desde la época prehispánica hasta nuestros días. Morelia, editado por Fimax publicistas, 1979, p.153. 

En conversación telefónica con don Francisco Elizalde, el jueves 23 de junio de 2005.

Raúl Arreola Cortes. La poesía en Michoacán. Desde la época prehispánica hasta nuestros días. Morelia, editado por Fimax publicistas, 1979, p.154, 155. Las cursivas son mías.

Íbidem, p. 197.

Íbidem, p. 194 y 195.

Mijail Bajtin. La cultura popular en la Edad Media y en el Renacimiento. El contexto de François Rabelais, Madrid, Alianza Universidad, 1993, p.16

Según algunos pobladores de la localidad, los primeros testamentos del Mal Humor fueron redactados por Blasito, autor intelectual de la broma que dio origen a los versos de El Ánima de Sayula.

Aún no logro precisar la fecha en que inician la redacción y lecturas del testamento del Mal Humor, el más antiguo de los testamentos en mi poder data de 1950. Según la versión del señor Guillermo Estrada, los testamentos se redactaron desde 1937, pero no se hacían copias, solamente se le daba lectura pública, en la plaza de Armas. Guillermo Estrada cree que los primeros testamentos fueron obra de Blas Mejía Granados, el autor de la broma que inspiró a Pedroza para la realización de El Ánima de Sayula.

Anónimo. Testamento del Mal Humor. Carnaval de Sayula, 1988, p.1

Aunque se puede hablar de esta encarnación del Mal Humor en Apolonio Aguilar como una constante, ya que aparece en la mayoría de los “testamentos”, no es determinante, ya que en ocasiones el Mal Humor esta emparentado con Apolonio Aguilar, o bien es compadre de éste, como se podrá constatar mediante algunos ejemplos.

Mijail Bajtin. La cultura popular en la Edad Media y en el Renacimiento. El contexto de François Rabelais. Madrid, Alianza Universidad, 1993, p. 18 y 19.

Florencio I. Sebastián Yarza. Griego, Diccionario Griego-Español, Barcelona, Editorial Sopena, 1999, p. 1019, 1051 y 1539.

Aristóteles. Περι Ποιητικής  Sobre Poética Texto original y versión española. México, Bibliotheca Scriptorum graecorum et romanorum Mexicana, UNAM, 1946, p.3.   

Helena Beristáin. Diccionario de retórica y poética. Octava edición, México, Editorial Porrúa, 1997, p. 391.

Mijail Bajtin. La cultura popular en la Edad Media y en el Renacimiento. El contexto de François Rabelais, Madrid, Alianza Universidad, 1993, p.16

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