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Poesía indígena mexicana contemporánea

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Raúl Aceves

 

 

    En las últimas tres décadas, aproximadamente, ha ocurrido en México y otros países de América Latina un fenómeno muy notable: el despertar de las literaturas escritas en lenguas indígenas. Este paso de la literatura oral a la literatura escrita, de la literatura anónima a la literatura de autor, es resultado o expresión de muchos factores concurrentes. Refleja un mayor acceso por parte de los indígenas a la alfabetización, al sistema escolar y al uso de la escritura como herramienta cultural incorporada a su tradición o costumbre, sin por ello desplazar o negar el valor de la oralidad; de hecho, gran parte de los actuales escritores indígenas son maestros bilingües, o incluso tienen títulos universitarios y laboran como profesores o investigadores en universidades u otro tipo de instituciones. Es decir, cada vez hay un mayor número de indígenas conocedores tanto de la cultura nativa a la que pertenecen, como de la cultura mestiza occidentalizada del mundo urbano latinoamericano, que llegan a dominar las herramientas o lenguajes culturales de ambos mundos, lo que los faculta para desempeñar el rol de puentes, traductores o agentes interculturales.

     Desde el punto de vista histórico, se podría decir que los indígenas están recuperando su voz después de cuatro siglos de silencio impuesto, encerrados en la oralidad marginal de sus comunidades. Están reinventando su palabra, naciendo de nuevo como individuos y como representantes de sus respectivas etnias, con la visión de sembrar sus palabras como semillas de cultura a los cuatro vientos, es decir, hacia todo el mundo. Terminó el tiempo del encierro en sí mismos y empezó el tiempo de abrirse a los demás, para iniciar un intercambio fructífero. Esto sea dicho con optimismo, porque toda apertura conlleva riesgos que hay que tomar en cuenta, pero que a fin de cuentas creemos que vale la pena correr. En general estos escritores se sienten muy orgullosos de su condición indígena y de los valores de su propia etnia; todos se asumen como transmisores de valores, símbolos e ideas heredadas de sus antepasados, y en ese sentido siguen siendo 'tradicionales', es decir, respetuosos de la tradición a la que pertenecen y de donde toman su identidad.

     Todavía no los ha contaminado el aspecto negativo de la modernidad, con su carga de individualismo feroz, desencanto, ruptura con el pasado, etc., ni han cedido a la tentación de la  experimentación formal. En ese sentido siguen siendo 'inocentes', y reconocemos en ellos cualidades de sencillez y naturalidad, transparencia y autenticidad, con una belleza de alma cercana a la del mundo original. Sin tratar de idealizarlos, considero que representan un resurgimiento del impulso expresivo que nace de un doble movimiento: la fidelidad a los orígenes y la apertura a la creación de nuevos mundos mediante la palabra. Conservación y creación son los dos ejes de esta dialéctica poética. Eligen sus temas y expresiones inspirados en su propia tradición, alejados del intelectualismo abstracto, los barroquismos expresivos y las versificaciones extravagantes; le dan a la forma su valor justo, sin deificarla, porque saben que la forma es tan solo la superficie exterior de su discurso, lo que desvela y oculta al mismo tiempo lo que realmente importa: su corazón, su espíritu o iyari, como le llaman los huicholes. Hacer 'arte con corazón', arte que no sea pura forma vacía, puros sonidos huecos, es su propósito.

     Al menos este valor tienen los escritores indígenas: recordarnos la importancia del iyari, del corazón entendido como órgano espiritual de la memoria colectiva, del pensamiento profundo, del sentimiento que nos humaniza y nos conecta con todas las fuerzas naturales que nos dan y nos sostienen la vida, los padres y las madres de todos los seres vivos de nuestro planeta. Precisamente otro factor común de estos escritores es su visión espiritual del cosmos, que los huicholes llaman nierika, simbolizada en diversas deidades, ancestros o seres sobrenaturales, que no son sino diversos aspectos o manifestaciones del principio creador del mundo, o componentes del propio espíritu o alma individual, con los que se establece relación. Es decir, que la mayoría de estos autores escriben desde el corazón espiritual, iluminados por su nierika  o poder visionario particular. Tal vez algunos de ellos hayan experimentado el poder visionario del peyote, los hongos alucinógenos u otras plantas psicotrópicas, pero también hay otras formas ceremoniales de acceder a este poder interior, que forman parte corriente de las herramientas culturales tradicionales, como las danzas, los ayunos y sacrificios, las peregrinaciones, los temazcales, etc. De alguna manera, ellos nos muestran el camino de retorno a esos poderes interiores de los que nos sentimos desconectados, poderes que no están perdidos sino dormidos dentro de nosotros - los occidentales modernizados -,  y esa sería la función chamánica de estos textos: ayudarnos a recuperar y desarrollar nuestro corazón espiritual y nuestro poder visionario, para poder decir 'palabras verdaderas'. Decían los antiguos nahuas que el hombre sabio es el que tiene 'rostro verdadero', el que no miente, el que dice lo que verdaderamente hay en su corazón. Estos escritores aspiran a ser hombres sabios, que digan con belleza la verdad que hay en su corazón y en sus visiones.

     Estos poemas abordan las múltiples facetas de la vida humana. Hay poemas mágico-rituales, muy cercanos a los rezos o conjuros de tipo chamánico; hay textos amorosos, que celebran la presencia del ser amado o se lamentan nostálgicamente de su pérdida o ausencia; otros son de fuerte contenido político social, en protesta y defensa de su cultura amenazada; también hay poemas que hablan de personas u oficios específicos, como los niños, los ancianos, las tejedoras, los guerreros, etc., o que se refieren a personajes históricos concretos. Y por supuesto, ocupan un lugar muy importante los que se refieren a la relación del ser humano con la naturaleza, los árboles, los ríos, las montañas, las plantas, los animales, etc., en los que se percibe una suerte de relación muy íntima y sagrada, como la que se establece con un pariente o miembro de la familia, por considerarlos hijos del mismo Padre Madre Creador. Esta clasificación tentativa no agota todos los temas abordados por estos poetas, aunque sí señala las vetas más frecuentes. El análisis de las formas lingüísticas y poéticas utilizadas por estos escritores ha merecido ya diversos ensayos publicados por estudiosos y promotores de esta literatura, como Carlos Montemayor, Juan Bañuelos y el Dr. Miguel León Portilla, o por los propios investigadores indígenas, como Natalio Hernández (náhuatl), Víctor de la Cruz (zapoteca), Gabriel Pacheco (huichol), entre otros.

     Muchos de estos escritores se formaron en talleres literarios organizados en su lugar de origen, algunos recibieron formación universitaria y otros se han desarrollado de manera más o menos autodidacta. La mayoría son bilingües o trilingües, escriben en su lengua natal y además conocen el español u otro idioma. Con frecuencia ellos mismos traducen sus textos al español, pero no siempre. Algunos tienen más oficio, publicaciones y curriculum literario que los demás, pero más que detenernos a definir su relativa 'importancia personal' como autores, me parece más útil ver la riqueza y variedad del panorama, donde cada voz ocupa un lugar único, por modesta que parezca. Aunque predominan los autores nahuas y zapotecas, no por ello dejan de ser importantes el resto de las voces: mayas peninsulares, chontales, tzotziles, tzeltales, mixtecos, mazahuas, otomíes, totonacas, huastecos, mazatecos, huicholes, purépechas, yoremes-mayos, etc.; ojalá con el tiempo su participación vaya siendo más equilibrada en relación al conjunto, y se sumen nuevas voces inéditas de otras etnias.

     También es de justicia reconocer el importante papel desempeñado por destacados promotores culturales no indígenas, en la formación e impulso otorgado a estos escritores indígenas emergentes, como el Dr. Miguel León Portilla, el escritor Carlos Montemayor, el poeta Juan Bañuelos, la poeta Ambar Past, la poeta Elisa Ramírez, entre otros, a través de sus talleres literarios, sus antologías y sus labores editoriales, así como el apoyo dado por el Gobierno Federal a través de instituciones como el Conaculta y el Inali, en forma de premios, becas y publicaciones. Además los propios escritores se han organizado de manera ejemplar al constituir su Asociación Nacional de Escritores Indígenas A.C., con sede en el Distrito Federal, que organiza congresos nacionales por todo el país y publicó su propia revista, La palabra florida. Se trata ya de todo un movimiento literario organizado, floreciente, al margen de la cultura oficial, pero con apertura al diálogo intercultural y al intercambio con el resto de la sociedad.

     Naturalmente, excluyo a la poesía indígena anterior al siglo XX y la poesía oral (cantos o rezos) de tipo anónimo tradicional. Hago la excepción con María Sabina, la famosa 'sabia de los hongos' mazateca, porque sus rezos ceremoniales fueron puestos por escrito y publicados reconociéndole su autoría, aunque ella propiamente no haya sido una escritora. Otro caso excepcional es el del libro titulado Conjuros y ebriedades, cantos de mujeres mayas, compilado por la poeta Ambar Past y publicado de manera totalmente artesanal por el Taller Leñateros de San Cristóbal Las Casas en 1997, en una bellísima edición de 1,600 ejemplares, con un prólogo del poeta Juan Bañuelos. Contiene 43 cantos de 23 mujeres tzotziles, que fueron originalmente grabados en su versión tzotzil por Ambar Past, y después ella misma hizo la versión al 'castía' o castellano, con ayuda de Xun Okotz y Petra Ernándes; además estos cantos van acompañados de 40 dibujos originales hechos por las mismas mujeres tzotziles, que aunque propiamente no son escritoras, son auténticas poetas orales que poseen una gran riqueza expresiva, y en este aspecto se parecen a los cantos chamánicos de María Sabina. Este libro es una verdadera joya bibliográfica, etnográfica y artesanal, un magnífico ejemplo de los tesoros 'etnopoéticos' que nos sigue revelando el México Profundo, al que se refiere el antropólogo Guillermo Bonfil Batalla.

     A manera de censo provisional e incompleto, doy a continuación los nombres de los poetas indígenas mexicanos que me ha sido posible conocer hasta el momento; son 77 poetas de 14 lenguas indígenas diferentes, 30 de los cuales son de sexo femenino:

     Nahuas:  Natalio Hernández, Alfredo Ramírez, Gilberto Díaz Hernández, Martiniano Hernández, Anastasio López Bautista, Rosa Hernández de la Cruz, Joel Martínez Hernández, Pedro Barra y Valenzuela, Delfino Hernández, Martín Amaru Barrios, Ursus.

     Zapotecas: Andrés Henestrosa, Esteban Ríos Cruz, Enedino Jiménez, Mario Molina Cruz, Pancho Nácar, Gabriel López Chiñas, Nazario Chacón Pineda, Víctor de la Cruz, Víctor Terán, Macario Matus, Feliciano Marín, Antonio López Pérez, Víctor 'Inti' Toledo, Natalia Toledo Paz.

     Mayas: Gerardo Can Pat, Martiniano Pérez Angulo, Briceida Cuevas Cob, Jorge Miguel Cocom Pech.

     Tzotziles: Alberto Gómez, Damián Martínez, Mario Nandayapa, y las 23 mujeres incluidas en el libro Conjuros y ebriedades: Loxa Jiménes Lópes, Pasakwala Kómes, María Tzu, Xunka' Utz'utz Ni', Petra Ernándes Lópes, Petra Ernándes Jiménes, Jwana te la Krus Posol, Me' Komate, María Patixtán Likán Chitom, Rominka Vet, Maruch Méndes Péres, María Álvares Jiménes (Me' Avrila), Markarita Váskes Kómes, Petu Xantis Xantis, Petra Tzon Te'Vitz, Petu Bak Bolom, Verónika Taki Vaj, Antel Péres Ok'il, María Ernándes Kokov, Manwela Kokoroch, Maía Kartones, Munda Tostón, Tonik Nibak.

     Mazahuas: Demetrio Espinoza Jiménez, Julio Garduño Cervantes, Fausto Guadarrama López, Pedro Martínez Escamilla, Agustina Mondragón Paulino, Esteban Bartolomé Segundo Romero.

     Mazatecos: María Sabina, Apolonio Bartolo Ronquillo, Juan Gregorio Regino.

     Purépechas: Domingo Santiago, Francisco Martínez.

     Chontales: Auldárico Hernández Gerónimo, Isaías Hernández Isidro, Domingo Alejandro Luciano.

     Tzeltales: Búffalo Conde, Armando Sánchez Gómez, Xmal Méndez Ton.

     Otomíes: Thaayrohyadi Bermúdez.

     Totonacas: Manuel Espinosa Sainos.

     Huicholes: Atsarika (Angélica) Ortíz López.

     Mixtecos: Juvenal Evencio López Hernández.

     Yoreme-mayo: Bernardo Esquer López, Francisco Almada Leyva.     

 

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